sábado, 26 de noviembre de 2016

UNA NOTA SOBRE LAS ECIENTES ELECCIONE EN ESTADOS UNIDOS


EN EL PROGRAMA DE TRUMP SE ESCONDE EL FASCISMO. TODOS LOS PUEBLOS ESTÁN AMENAZADOS.
UNIDAD POPULAR, NUESTRA RESPUESTA.
Humberto Vargas Carbonell

Un “colegio electoral” decidirá el próximo 19 de diciembre quien será el próximo Presidente de los Estados Unidos, según el mamotreto electoral imperante en ese país. El voto de los ciudadanos queda a expensas de un grupo de “electores de segundo piso” quienes son los que última instancia decidirán la elección, según su propia y libre  voluntad, sin sujeción a norma alguna.

270 de esos plenipotenciarios deciden quién  será el Presidente, dejando en el olvido la voluntad expresada en las urnas por aquellos que debían ser los reales electores. Si ninguno de los candidatos alcanza ese número mágico se sigue un procedimiento en que la potestad electoral se traslada al Congreso y al Senado.
Según la estructura de la electoral de ese país podría ocurrir que el “voto popular” no tenga ningún valor.
No obstante lo dicho el Gobierno de los Estados se ha adjudicado el derecho a juzgar los procesos electorales de cualquier otro país del mundo. Cuando no les gusta un resultado amenazan con invadir o participan descaradamente en el derrocamiento. Los latinoamericanos conocemos profunda y dolorosamente esa conducta. 
Aunque todo parece indicar que Trump será el Presidente, lo cierto que esto no estará decidido antes del 19 de diciembre, cuando se reúna y decida el “Colegio Electoral”.
II
Hillary Clinton participó en la campaña electoral como representante de los círculos de poder, de los grandes banqueros, del complejo industrial militar,  de otros sectores de los grandes ricos y del monopolio mediático. Su candidatura era la quintaesencia del imperialismo guerrerista y explotador. En procesos electorales anteriores los adversarios republicanos en lo fundamental representaban a la misma cúspide imperial. Demócratas y Republicanos eran, puede decirse, hermanos gemelos disputándose un puesto de privilegio.
Los ciudadanos que estaban fuera del alero “imperial” no afectaban la situación económica, política y social.
¿Qué ocurrió con la candidatura de Trump? Parecía, así fue calificada, una anomalía que rompía  el tradicional sistema político de los Estados Unidos. Las discrepancias no pasaban de ser parte del juego electoral. Ahora lo sorpresivo es que la “anomalía” se convirtió en fuerza tanto en el interior del Partido Republicano como en la contienda electoral.
El candidato anómalo se convirtió en el vencedor.
¿A quien venció y cómo lo logró?
Venció a Hilary Clinton pero no al sistema que ella representaba. Marcó fisuras en el sistema pero no para destruirlo sino para renovarlo. Como auténtico multimillonario, explotador y sinvergüenza ha programado la consolidación de un modelo que es en sí mismo detestable por su conducta criminal y agresiva.
Logró montarse en la situación de los más pobres y excluidos, en razón de la   crisis propia del  modelo capitalista-imperialista, para atraerlos y convertirlos en votos. Así logró la Presidencia.
En el propio corazón de imperialismo se hace sentir con especial brutalidad las consecuencias del modelo neoliberal, que es a su vez el resultado natural de un modo de producción que existe por  la explotación de los trabajadores.
El neoliberalismo y la llamada globalización son expresión del desarrollo objetivo de las contradicciones internas de la sociedad capitalista, en su etapa imperialista. En el orbe entero se manifiestan estas crisis tanto en los países desarrollados –Europa y Estados Unidos- como en los menos desarrollados y también en los más pobres.
En estas condiciones se repite un fenómeno histórico que es contradictorio, pero solo en apariencia. Nos referimos a la posibilidad de que las masas victimizadas por el capitalismo entreguen sus votos y apoyo a políticos  demagogos y corruptos que operan como gestores de los cambios exigidos precisamente para “superar su crisis”.
Parece que este fenómeno es la explicación sintética de por qué Trump será el Presidente de los Estados Unidos.
Este fenómeno no es inédito. Por la misma vía  y por métodos muy semejantes alcanzaron el poder político Mussolini, Hitler y otros bandidos de la misma especie. Sobre el dolor de las víctimas del capitalismo montaron un régimen que pretendió resolver la crisis a base de racismo, la persecución de los auténticos luchadores sociales, la agudización de la explotación de pueblos enteros y del militarismo. Parte de su base social inicial terminó siendo la víctima principal.
Esto es el fascismo.
Es la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios y chovinistas del capital financiero.
Al fascismo yanqui le basta con quitarse la máscara.
Todo parece indicar que esa es la vía de Trump. Ahora aparecen en primera línea los xenófobos,  los nazis yanquis, los supremacistas, los partidarios de la libertad del uso de armas, el Ku Klux Klan y todos los bandidos enemigos de los pueblos y de la democracia, los machistas, los enemigos del respeto a la diversidad sexual, etc.
Los fascistas necesitan crear enemigos irreconciliables y llamar al pueblo a combatirlos. Hitler lo hizo contra los judíos y Trump contra los mexicanos. En Alemania eso fue solo el principio y en los Estados Unidos también lo será. Luego se extenderá tan lejos como alcancen sus tentáculos.
Otra víctima inmediata son todos los musulmanes y de manera directa los pueblos que han sido brutalmente agredidos: Irak, Afganistán, Siria, Libia, Yugoeslavia.
Los latinoamericanos conocemos directamente los efectos del imperialismo yanqui. Pormenorizar es imposible. Sería muy largo para una nota como esta, pero nada más para recordar: El bloque criminal contra Cuba, el robo del territorio mexicano, las amenazas al pueblo venezolano, los golpes la invasión a la República Dominicana, los golpes de Estado en Guatemala, en Honduras, en Chile, en Argentina, en Paraguay, en Brasil, la invasión a Panamá, las nueve bases militares en Colombia, el campo de concentración en Guantánamo…y muchos etcéteras más.
Nuestro deber es seguir con atención los pasos del nuevo gobierno, encabezado por Trump. Seguramente lanzarán una gigantesca campaña mediática para ocultar los  reales propósitos, igual como lo hizo Goebbels en la Alemania nazi.

Al fascismo desembozado hay que responderle con la unidad de los pueblos y la solidaridad.
Todos los movimientos progresistas estamos obligados a renunciar al exclusivismo y sobre todo al hegemonismo para lograr un frente común de lucha antiimperialista.
La solidaridad con el pueblo cubano y con la Venezuela Bolivariana es la piedra de toque de la unidad latinoamericana.
El neoliberalismo cederá su lugar a nuevas formas, aún más nefastas, de explotación de los trabajadores y de pueblos enteros.
Es lo que se anuncia y hay que estar preparados.

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