miércoles, 7 de septiembre de 2016

TOMADO DE KAOSENLARED.ERNESTO GUEVARAEN COSTA RICA ERNESTO GUEVARA Y “GUALO” GARCÍA TRASPASAN EL 1 DE DICIEMBRE DE 1953 LA CIUDAD INTERNACIONAL DE PASO CANOAS, EN EL LÍMITE ENTRE PANAMÁ Y COSTA RICA.


Todo el capital que poseían  eran cinco dólares. Ernesto tenía el talón derecho  del pie  lastimado que le dificultaba caminar. A pesar de ello en el camino jugó un partido de futbol, con unos campesinos de la zona. Traspasaron lugares de  lodazales,  hasta que llegaron a la terminal del ferrocarril. Allí hablaron con el inspector ferroviario y lo convencieron de poder viajar gratis. Este último simpatizaba con la Argentina, país al que había querido ir a vivir cuando era joven. Después del recorrido en tren llegaron al Puerto de Golfitos, donde le solicitaron a la Capitanía de Marina, los pasajes gratuitos, que les fueron otorgados. Intentaron conseguir también alojamiento durante esa noche, pero las autoridades se negaron a darles. Aunque dos empleados del lugar, al conocer la situación, le ofrecieron dormir en el piso de su casa.

En Golfito encontraron a Alfredo Fallas, un residente de la zona, con quien traban amistad y les ayuda con la comida y el hospedaje.  Al otro día -que era  domingo-  partía el barco de la Compañía Bananera, denominado popularmente como Pachuca. Nombre que le daban por que trasportaba a pachucos y vagos. El propio Guevara en su libro de viajes nos cuenta esta etapa del recorrido: “Golfito es un verdadero golfo, bastante profundo, ya que entran perfectamente buques de 26 pies con un pequeño muelle y las casas necesarias para que se alberguen como puedan los 10.000 empleados de la Compañía. El calor es grande, pero el lugar muy bonito. Cerros de 100 metros se levantan casi en la costa, con laderas cubiertas de vegetación tropical que solo cede cuando el hombre está constantemente sobre ella (…) La Pachuca salió de Golfito a la 1 de la tarde y nosotros con ella. Íbamos bien cargados con comida para los dos días de viaje. En la tarde se puso el mar un poco bronco: la “Rio Grande”, que es su verdadero nombre, empezó a volar. Casi todos los pasajeros incluyendo a Gualo empezaron a vomitar. Yo me quede afuera con una negrita que me había levantado, Socorro, más puta que las gallinas, con 16 años a cuestas. (…) Entre quiebros y remilgos de la negrita paso todo el día, llegando a Puntarenas a las 6 de la tarde.”

Al llegar al puerto  fueron a visitar a Juan Calderón Gómez, al que le entregaron una carta de presentación que les había dado Alfredo Fallas.  Este los ayudo con 21 Colones, que les permitió trasladarse hasta San José, la capital del país, que queda a 100 kilómetros de Puntarenas. Al llegar a la capital, visitan la Embajada Argentina, donde consiguen yerba mate. Tenían anotados a varios contactos para solicitar ayuda,   en caso de necesidad. Ernesto tenía el propósito de conocer a distintas figuras políticas latinoamericanas que estaban exiliadas en este país. También estaba en sus planes conseguir una entrevista con el ex presidente de Costa Rica, Otilio Ulate Blanco. Dice Ernesto en sus apuntes de viajero: “Los amigos anotados no parecen servir para un carajo, uno es director y espiquer de radio, un boludo. Mañana trataremos de entrevistarnos con Ulate. Un día pasado a medio pedo. Ulate no nos podía atender porque estaba muy ocupado. Rómulo Betancourt se había ido al campo. Pasado mañana saldremos  en el diario de Costa Rica con fotos y todo y una sarta de macanas enormes. No conocimos a nadie de valor pero nos encontramos con un tipo, ex pretendiente  de Luzmilla Oller que nos presento a otra gente. Mañana tal vez conoceré el leprosorio de Costa Rica.” Costa Rica estaba gobernada por José Figueres Ferrer, hijo de catalanes que  hacía muy poco tiempo que había asumido el gobierno. Su talante progresista y transformador genero cambios muy importantes en su país. Fue durante su gobierno que se eliminó el ejército. Con el gobierno de José Figueres Ferrer muchos líderes progresistas de América central se refugiaron en este país. Aquí encontraron un terreno propicio para descansar y elaborar conspiraciones, con las cuales derrocar a los gobiernos dictatoriales, que dirigían los destinos de los países de donde procedían. Además, existía en el centro de la ciudad un café que era un hervidero de exiliados.  Su nombre era el Soda Palace,  pero para el argot de los expatriados era “La Internacional”. El  “Soda Palace”, era el más tradicional centro de tertulia de San José. El café restaurant había sido fundado por el español José María Calvo Reventos.  El mítico lugar vio desfilar en su larga historia a gobernantes y aspirantes a presidentes, exiliados, dictadores derrocados, conspiradores, jubilados y vendedores de lotería y moneda extranjera. Allí se podía se podía comer su renombrada paella, el café y el arroz con pollo el  plato tradicional. Ernesto cuando pedía un vino, le gustaba cortarlo con soda de sifón, siempre fue su costumbre, desde que era un adolecente. Allí, una tarde fortuita, Ernesto contactó e hizo amistad con dos cubanos miembros del Movimiento 26 de Julio y sobrevivientes de los ataques a los cuarteles militares del Moncada y Carlos Manuel de Céspedes. Eran Calixto García Martínez (futuro Comandante de la Revolución) y Severino Rosell González. Ellos le hablaron de Fidel Castro, de sus ideas y de sus planes, Ernesto escuchó asombrado sus relatos y les indicó que se dirigía a Guatemala. A Ernesto y a Gualo les gustaba frecuentar los cafés de la bohemia, donde paraban los intelectuales y los jóvenes que querían cambiar el mundo. Con toda seguridad en este mismo café realizó los contactos necesarios para entrevistarse con dos políticos de primer nivel, que se encontraban asilados en Costa Rica. Rómulo Betancourt Bello y Juan Bosch futuros presidentes de Venezuela y República Dominicana, respectivamente. Resulta interesante como un muchacho de 25 años, sin ninguna relevancia política logró ser recibido por estos líderes y departir con ellos sobre política internacional. Guevara posteriormente describió a Bosch como “un literato de ideas claras y de tendencia izquierdista. No hablamos de literatura, simplemente de política”; mientras que de Betancourt expresó “me da la impresión de ser un político con algunas firmes ideas sociales en la cabeza y el resto ondeante y torcible para el lado de las mayores ventajas”. De igual manera intentó conocer al ex presidente costarricense Otilio Ulate Blanco (1949-1953) y al líder comunista Manuel Mora Valverde. Ulate le manifestó que estaba muy ocupado y no podría recibirlo. Por el contrario, Manuel Mora accedió a su solicitud y le dio una amplia y minuciosa explicación sobre la situación política de Costa Rica y los sucesos militares de 1948. De Mora dirá que le impresionó mucho su personalidad y convicciones políticas “es un hombre tranquilo, más que eso pausado, pues tiene una serie de movimientos de tipo tics que indican una gran intranquilidad interior, un dinamismo frenado por el método”. Ernesto y Gualo García también se apersonaron al Diario de Costa Rica, para que el rotativo les publicara un relato de su viaje y peripecias. El reportaje salió en el periódico del día viernes 11 de diciembre de 1953 y entre otras cosas apuntaba, que Gualo era un estudiante de derecho y Ernesto un médico interesado en contactarse con especialistas en la enfermedad de la lepra. Expresaban que su viaje tenía por finalidad ampliar el ámbito de su cultura general y estudiar la problemática que afectaba a los países indoamericanos. Hacían una valoración del proceso de transformación política, que estaba viviendo en esos momentos Bolivia y finalmente indicaban que salieron de la Argentina en enero (en realidad fue en julio) y que en un año de viaje habían ya gastado la suma de mil dólares.

Un día antes de la aparición del reportaje periodístico le había enviado una carta a su tía Beatriz en Buenos Aires. En ella le contó los últimos incidentes del viaje y le expresó que “en Guatemala me perfeccionaré y lograré lo que me falta para ser un revolucionario auténtico”. Con ello quiso dejar claro que el joven Ernesto ha dejado de ser un rebelde sin causa y que tiene muy claro el norte de su vida. Además, reconoció implícitamente que ha optado por una visión política y transformadora de la realidad social. Ernesto  nos cuenta los últimos momentos en Costa Rica: “Nos dependimos de todo el mundo y especialmente de León Bosch, un pendejo macanudo y nos largamos en ómnibus hasta Alajuela y de allí a dedo. Tras de diversas peripecias llegamos esa noche a Liberia. La Capital de la provincia de Guanacaste. Que es un pueblito infame y ventosos como los de nuestra provincia de Santiago del estero”

El trayecto de Liberia a Peñas Blancas lo realizaron con múltiples dificultades, una parte en jeep, otra caminando, luego  a dedo (autoestop) hasta La Cruz y finalmente después de bordear varios ríos lograron llegar a la frontera el lunes 21 de diciembre de 1953.

Años después el histórico  ex presidente dominicano Juan Bosch recordara en sus memorias: “Che Guevara visitó algunas veces mi casa de Costa Rica (…) cuando nadie sospechaba que el joven médico trotamundos iba a tener celebridad internacional. Mi hijo León, que empezaba entonces a pintar retratos y que vivía conmigo en el pequeño y dulce país centroamericano, había hecho amistad con algunos exiliados argentinos antiperonistas y a través de esa amistad llegaban a verme, a tomar taza de café y a cambiar opiniones sobre los problemas de una América que en esos años era un muestrario de dictadores. Fue uno de esos exiliados quien llegó un día acompañado de un joven silencioso, serio, que de vez en cuando sacaba del bolsillo de la camisa un inhalador y se lo aplicaba en la nariz mientras apretaba la diminuta vejiga del instrumento. Ese joven era el doctor Ernesto Guevara.”

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