jueves, 18 de febrero de 2016

BREVES COMENTARIOS SOBRE LO ESCRITO POR EL PADRE DEL MAGISTRADO CELSO GAMBOA.


Autor. Humberto Vargas Carbonell
Don Manuel Gamboa
Acuso recibo de su carta, leída el 15 del mes en curso en las imágenes de Facebook.
Me voy a permitir hacer uso del derecho de respuesta para agregar unos pocos comentarios y algunas observaciones sobre lo que usted ha escrito. Uso el mismo medio que usted utilizó.
1.-Antes que atacarme a mí debió pedir cuentas a los diputados del Partido Frente Amplio, del cual es usted militante, que le negaron el apoyo a su hijo y sobre todo, a aquellos que apoyaron su designación como Magistrado de la Sala III y luego han manifestado públicamente su arrepentimiento y dan las razones que usted ha de conocer y que son moralmente más graves que las que yo aduje en mi nota.
2.-Considero absolutamente natural y hasta plausible que usted exprese el profundo amor que siente por su hijo. Estas emociones son absolutamente válidas, pero no por su valor intrínseco  justifican la ignorancia de la realidad, la tergiversación de lo que otros han dicho o hecho. 
Me pareció inadmisible que un partido que se proclama de izquierda entregue votos para llevar al Poder Judicial a una persona que es evidentemente un representante de la derecha.
Por eso escribí la nota que a usted tanto le molestó, pero si la lee con cuidado verá que no hay ningún ataque personal para su hijo, pero sí una valoración política.
Tampoco lo ataqué a usted  y menos  a su padre;  aprendí a estimar a don Celso Gamboa Rodríguez desde que ejerció el cargo de miembro de la Asamblea Constituyente, elegido por el Partido Constitucional. La estima por el abuelo no impide que se critique al nieto. Todos los funcionarios públicos están, por su propia naturaleza, sometidos al escrutinio público y yo que he estado toda mi vida involucrado en la política nacional no podía dejar de dar una opinión. La expresé sabiendo que podía ser apoyado o atacado, aunque no insultado como usted lo hace.
3.-La mención de la posición política de mi hijo Humberto la considero fuera de tono, porque nada tiene que ver con lo que ahora se discute.
En efecto, mi hijo es diputado elegido por el PUSC, ese es su derecho y el mío es no compartir en términos absolutos sus concepciones políticas. No obstante, así como usted ama al suyo yo amo al mío. El amor que sentimos por los hijos no nos obliga a avalar sus conductas, sean políticas o de cualquier otra índole. La discrepancia política no ha de romper los lazos afectivos.
Parto de una premisa muy sencilla: los hijos no tienen la obligación de pensar como los padres y mucho menos los padres de pensar como sus hijos.
4.- Me atribuye usted ser un “intransigente izquierdista que solo leía a Lenin y adoraba a Stalin”. Se equivocó. Ni soy intransigente, ni he leído solamente las geniales obras de Lenin, ni adoro a nadie, ni a Stalin ni a nadie. Si creo que Stalin no fue la bestia maligna que presentan los enemigos del comunismo. Estuvo al frente de la Unión Soviética durante los años durísimos de la industrialización y fue el dirigente principal  del Ejército y del pueblo que derrotaron a los nazis. Esto no se puede olvidar. Yo no lo olvido.
Usa usted viejos argumentos anticomunistas, que en versiones peores me han endilgado La Nación, los canales de TV y otros instrumentos de la lucha ideológica antipopular que libran la oligarquía y el imperialismo norteamericano.
Le cuento lo menos importante.
En el archivo de la seguridad somocista, ya en 1956,  cuando apenas tenía 23 años, se me calificaba de traficante de armas. Ya antes había sido declarado “moralmente inepto” por la Dirección del Servicio Civil y un tontoneco profesor de la facultad de derecho me puso un 0 como calificación de concepto cuando había obtenido en el examen una nota muy alta. No digo más porque no viene al caso.
Me quiere usted presentar como un “brutal e ignorante comunista”, como alguna vez me calificó Enrique Benavides en las páginas de La Nación. Pues le digo que algo he estudiado. Estudie en la Facultad de Derecho seis años, puede usted, si le interesa revisar, las notas que obtuve en cada una de las asignaturas; seguí algunos cursos en la vieja Facultad de Filosofía y Letras de la UCR y además estudié durante tres años en la Academia de Ciencias Sociales de la Unión Soviética, en la Escuela Superior del Partido.
Pero más importante que todo eso, es lo que   he aprendido en un rincón muy humilde, en la casa en que vivo, que es de las de tercera categoría que repartía el INVU.
Se equivoca usted, pienso yo, cuando quiere presentarme como si fuera un idiota.
Soy comunista de corazón y por convicción. Por eso sigo militando en el partido de los comunistas, que muchos otros abandonaron en las horas difíciles.
Usa usted  adjetivos denigrantes para referirse al Partido Vanguardia Popular. Mala manera de defender a su hijo, porque no tiene ninguna lógica.
Efectivamente el partido se ha debilitado, eso lo sé mejor que nadie y no tengo porque ocultarlo.
La división le hizo un gran daño a nuestra organización, que además fue privada de todos sus recursos por un verdadero asalto. Fuimos víctima de la división, de la pérdida de los recursos acumulados durante muchos años y hasta de vergonzosas sinvergüenzadas. Nuestra tarea ha sido   evitar la desaparición del partido marxista-leninista y luchar por nuestra causa. Estamos saliendo de la crisis gracias al trabajo de los que nunca se fueron y de muchos nuevos militantes. Somos ahora un partido donde todos contribuyen y  nadie cobra sueldo ni recibe viáticos.
5.- Siento un gran respeto por todos los que lucharon en cumplimiento de deberes internacionalistas. Es este el valor sublime de un revolucionario y expresado sobre todo en  los que entregaron sus vidas, como ejemplo Pepe Romero, Yamileth López en Nicaragua y José Ángel Marchena en El Salvador.
Durante la lucha del pueblo de Nicaragua contra la dictadura somocista yo era diputado y desde ahí cumplí también deberes internacionalistas.
Para que no siga equivocándose le hago saber que junto con Manuel Mora y Arnoldo Ferreto fui miembro de la Comisión Militar del Partido Vanguardia Popular.
5.- No poca gente, desgraciadamente, piensa como usted que da lo mismo ser de izquierda o de derecha, que es como decir que es lo mismo ser banquero o peón en los piñales. Para nosotros y para muchos otros no es lo mismo.
Obviamente no es lo mismo ser explotador que ser explotado. Lo importante, dice en su carta, es ser eficiente, sin importar los conceptos políticos o los atributos morales. Esta es una máxima propia de los explotadores que buscan la máxima ganancia. La gran cuestión, en última instancia, no es de eficiencia sino de probidad. La probidad es la trinchera de los pobres, de los excluidos y de discriminados.
6.- No necesito que usted me lo ordene, ya estuve en sur. Ahí estuvieron  permanentemente el camarada Luis Salas Sarkis y otros compañeros.
7.- En su carta dice: “Sabes cómo localizarme. Puedes hablar conmigo e intercambiar opiniones”. Si estas palabras son un desafío, espero no sea así, porque de serlo sería una tontería a la que no me sumo.
Si quieres hablar conmigo con mucho gusto y respetuosamente te recibiré en las oficinas del Partido Vanguardia Popular.
Ratifico todo lo dicho en la nota que vos criticás.
15 febrero 2016

Humberto Vargas Carbonell

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