jueves, 19 de noviembre de 2015

EL PROBLEMA DE LOS MIGRANTES CUBANOS REQUIERE UNA SOLUCIÓN RAPIDA Y RACIONAL.


Humberto Vargas Carbonell
Una situación tan grave como la que están viviendo los migrantes cubanos no debe servir para hacer politiquería internacional, en primer lugar porque este intercambio de “cargos” no soluciona sino que, al contrario, agrava el problema.  La politiquería es siempre nefasta.
Los cubanos que están padeciendo en nuestro suelo llegaron aquí porque se entendieron con una mafia, una banda criminal que  colapsó porque sus principales dirigentes fueron descubiertos y, en consecuencia, encarcelados. Se trata de una asociación criminal de quienes deben ser castigados por el delito de tráfico de personas.
También, los que ahora padecen, tienen que asumir la responsabilidad de haberse entendido con peligrosos delincuentes. Su propósito inicial era ingresar y salir de Costa Rica violando la ley costarricense. Ya muchos otros lo habían hecho antes. Esto lo sabía la gente y con mayor razón las autoridades de migración y de policía. Este es el “gato encerrado”, como decimos los ticos.
También se informa que el grupo crecerá porque otros migrantes están en camino a nuestro país.
Aquí se vararon y este es el problema. Nadie es responsable de que esa casualidad se diera donde se dio, en Costa Rica, salvo los propios migrantes y los mafiosos que los estafaron.
Me parece que el Gobierno pudo haberlos devuelto a Panamá pues ese era su origen inmediato. No lo hizo y  está bien. También me ha parecido correcto que no se les hostigue innecesariamente y que se haya legalizado provisionalmente  su permanencia en el país.
Sabemos todos que nuestro país no tiene condiciones para darle una vida normal a tantas personas. Es imposible su asentamiento permanente en nuestro país. Se trata de satisfacer las necesidades básicas de un grupo humano tan grande, habida cuenta de las dimensiones de nuestro país y de sus posibilidades económicas. Cuando hablamos de necesidades básicas estamos pensando en puestos de trabajo, escuela para los niños, vivienda, alimentación adecuada.
¿Es posible resolver estos problemas para varios cientos de familias? No y esta solución tiene que ser ya, puesto la situación que hoy padecen no se puede prolongar indefinidamente.
Este es un grave problema para nuestra sociedad y para solucionarlo no basta la buena voluntad, y mucho menos el anticomunismo.
¿Podrían lo nicaragüenses hacerse cargo de este problema? Igual que los costarricenses tampoco podrían dar la  solución perentoria que se requiere.
Para el traslado por la vía centroamericana y  por México hace necesario un acuerdo previo de todos los países implicados y, seguramente, también de los Estados Unidos.
No hay noticias de que ese acuerdo se esté buscando, y mientras no se logre el paso de los migrantes por el resto de Centroamérica no será viable.
Nos parece que se debe cambiar el rumbo político del Gobierno. Lo ideal sería que los gobiernos centroamericanos y el de México hagan un convenio para garantizar el tránsito hasta la frontera de los Estados Unidos.
Según la infame “ley de Ajuste Cubano” bastaría que estos señores den un paso en territorio norteamericano para  ser considerados “no ilegales”. Así podrían cumplir el sueño-pesadilla de vivir en la “boca del lobo”. Esta es su decisión.
El verdadero culpable, además de los que decidieron correrse la absurda aventura, es Gobierno de los Estados Unidos. La “Ley de Ajuste Cubano” y el incumplimiento del compromiso con el propio Gobierno Revolucionario de dar visa a quienes quisieran viajar a los Estados Unidos, tuvo el malicioso propósito de obligar a los cubanos que deseaban viajar al Norte,  hacerlo ilegalmente. Esta es la fuente de la trágica historia de los llamados balseros y ahora de los migrantes engañados por la mafia.
Por eso el Gobierno de Costa Rica no debe buscar bronca irracional con el Gobierno de Nicaragua sino buscar soluciones más viables y lógicas. Primero: presentar el problema ante las Naciones Unidas pero no como un problema político contra Nicaragua sino como un problema humanitario y, segundo, pedir al Gobierno de Estados Unidos que le otorgue una visa y facilite a cada uno el viaje directo a su país.

A nivel centroamericano no hay solución posible. Nadie en su sano juicio puede de buen grado ser importador de tan grave problema.

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