viernes, 4 de septiembre de 2015

ALGUNAS NOTAS SOBRE LA CRISIS NACIONAL

Es justo y muy necesario compartir con los lectores de la Revista Calufa esta extraordinaria reflexión escrita c+por el gran patriota don Humberto Vargas Carbonell


I

La sociedad costarricense está insatisfecha y los sectores populares, además, dolidos porque nadie, con poder formal para hacerlo, se ocupa de sus penurias.
La distancia entre las clases se hace cada vez ancha; un signo fundamental de la conducta de la burguesía y del gobierno que la representa, es la indiferencia. Perdieron no solamente el rumbo, sino también la sensibilidad necesaria para su propia autodefensa. Han llegado a la falsa y brutal conclusión de que, efectivamente, las masas populares están constituidas por borregos, obedientes ante el simple y leve ruido del látigo. Ciegos para el entorno social, fijan sus miradas exclusivamente en los reportes de sus cuentas bancarias.
Se ahondan las contradicciones de un sistema fundamentado en la explotación del hombre por el hombre.
Domina una burguesía que, en lo esencial, abandonó la producción para convertirse en rentista, usufructuaria de la inversión extranjera, de  franquicias, de la deuda interna y externa y de las concesiones privatizadoras de los bienes públicos. Es cada día más claramente parasitaria y, obviamente, más corrupta.
Es además una burguesía apátrida que no piensa en honrar nuestro suelo sino en exprimirlo hasta arrancarle la última gota de su productividad. No tienen sentido de futuro. No les interesa el futuro y por eso esquilman las riquezas naturales, sobre todo la fertilidad del suelo. Tanto las empresas agrícolas de nacionales como de extranjeros operan con modelos de producción típicamente “coloniales”, es decir, sin responsabilidad social y sin atención al futuro. Cuando la tierra sumida en la infertilidad provocada deja de producir levantan vuelo, y dejan para los pobres una “herencia” de enfermedades y hambre. Así lo hicieron, para solo poner un ejemplo, en el Pacífico Sur, cuando la Yunai abandonó sus plantaciones. Bosques pujantes y plantaciones ubérrimas fueron suplantados por la aridez, el hambre y la desocupación. Este, el destino que anuncian  las piñeras, los naranjales, las bananeras, la palma africana y otras plantaciones que producen enormes riquezas pero dejan para trabajadores la  más brutal y absurda pobreza. A esta situación hay que sumar las enfermedades laborales producidas por el uso y abuso de agroquímicos, como fue el caso de las víctimas de nemagón y los casos de insuficiencia renal de los trabajadores de haciendas cañeras. Ante la posibilidad de un cataclismo social se preparan para vivir en Miami.
Otros parásitos viven de cortar cupones y de especular en los mercados financieros y así amasan enormes  riquezas, garantizadas por una legislación absurda y por gobiernos cómplices.
Esta burguesía ensalza a los procónsules del imperio y viven insensatamente sometidos a los dictados de la política más cruel e inhumana la historia.  Para esta oligarquía ser proyanqui equivale a ser social y éticamente puros. Esta es una de  las máscaras de la falsa democracia. Muchos ejemplos de actores de esta trágica comedia podrían señalarse, por ahora uno, Oscar Arias Sánchez.
Se trata de una clase dominantes cada día más rica y más prepotente, pero caduca. La caducidad es el presagio de su muerte. Podrán construirse sepulcros de oro, pero igualmente terminarán siendo un mal recuerdo.
La sociedad burguesa da siempre la imagen de un mundo dirigido por zombis, perversos y malignos. Son los “muertos” que matan e imponen su voluntad.
II
Con toda razón podrían preguntarme: ¿cómo es que estos caducos sociales logran imponer su voluntad a toda la sociedad?
La respuesta es compleja, pero trataré de dar algunos elementos.
En toda sociedad, como expresión de la lucha de clases, tiene un lugar un profundo e intenso choque ideológico.
Esta lucha en última instancia se nos presenta como una lucha cultural, entendiendo por tal el combate por imponer o por convencer, la burguesía impone y los revolucionarios convencen. El modo de producción genera elementos superestructurales que son interpretados según la posición social de grandes grupos humanos. Estos grandes grupos o clases sociales tienen concepciones antagónicas en lo social, lo político y en las relaciones económicas, en las relaciones reglamentadas por normas jurídicas y otros elementos igualmente culturales.
 Esta es la base de la cultura de la burguesía explotadora pero igual, con carácter antagónico en la clase trabajadora.
 El dominio de una clase sobre otra implica siempre un dominio ideológico. La burguesía no podría mantener su dominación social sin lograr imponer sus propias ideas incluso a aquellos que sufren la explotación y en consecuencia padecen la pobreza y la exclusión social.
La lucha política es inseparable de una lucha de ideas.
Lla construcción de una nueva cultura con raigambre  obrera y popular se determina por una actitud consciente de su ubicación en el conjunto de la sociedad. La conciencia de clase solo se logrará por medio de una crítica profunda y permanente de la cultura impuesta al pueblo por las clases dominantes y el por el imperialismo. Sólo así podrán fortalecerse las nuevas ideas liberadoras.
Carlos Marx dijo que las ideas o la teoría se convierten en una fuerza material cuando prenden en las masas.
La cuestión entonces no solamente decir, es hacer, organizar al pueblo. La dispersión popular favorece la acción ideológica de los explotadores, la organización las convierten efectivamente en una fuerza material transformadora.
Las clases dominantes, para mantener el régimen de explotación capitalista, practican una intensa lucha cultural,  cuyo fin, es lograr que los dominados y explotados, acepten como normal el poder de los dueños de las riquezas y del poder político que los representa y  defiende. Los sometidos son los esclavos modernos, los que han de rebelarse y ser así la esperanza de un mundo de justicia y libertad, es decir, socialista.
En resumen, no basta el discurso, es imprescindible la acción activa y combativa. No se trata solamente de ganar una polémica, se trata de vencer en la lucha contra el bandidaje de la oligarquía y el imperialismo.
Para una acción eficaz en el combate contra estos enemigos del pueblo no basta con los principios, es necesario conocer a fondo las particularidades de la sociedad costarricense y la interacción con otros países centroamericanos. Es necesario conocer las especificidades, definidas por la historia, por el desarrollo económico, por las particularidades culturales y la idiosincrasia política, de la sociedad costarricense.
Esto significa que es imprescindible superar el oportunismo y el doctrinarismo, dos elementos muy negativos en la vida política nacional.
En las condiciones actuales responsabilidad histórica y el patriotismo es luchar por la unidad popular.
Un elemento de este análisis es comprender que los generadores de la crisis nacional son el dominio de la oligarquía y la dependencia del imperialismo norteamericano y de otras potencias explotadoras.
III

No pocos observadores políticos se empeñan en subrayar una realidad que nosotros no negamos. Efectivamente, como dicen, la burguesía es diversa y pueden señalarse fácilmente las diferencias que determinan  diversas agrupaciones o estamentos.
Por ejemplo pertenecen a diversos partidos políticos (también burgueses), tienen intereses igualmente diversos según la rama de producción, por el monto de la riquezas acumuladas y por otras razones. Pero a la par de esto hay que decir que en el conjunto de la burguesía hay un grupo dominante y otros subordinados. Esto ha sido siempre así, en nuestro país y en otras regiones del mundo.
En el marco de esta diversidad hay un rasgo común, todos explotan el trabajo de los obreros y de otros sectores populares, lo cual no impide distinguir a una oligarquía dominante que   hace prevalecer sus intereses. Es el grupo dominante  el que impone sus criterios e intereses a los otros estamentos de la misma clase social.
Basta estudiar el sistema de organización de las cámara patronales y su cúspide, UCAEP, para percatarse de que el dominio oligárquico es casi absoluto. Esta es la realidad costarricense.
Es cierto que bajo determinadas circunstancias, en regiones y periodos  determinados, sectores de la burguesía, han asumido posiciones progresistas y en algunos casos han encabezado luchas muy importantes, por ejemplo en la lucha contra el colonialismo.
Llegado a este punto  es necesario plantearse y resolver la siguiente pregunta: ¿Existen en nuestro país sectores de burguesía dispuestos a luchar por la autodeterminación frente al poder imperialista? ¿Hay sectores burgueses dispuestos a luchar contra las imposiciones neoliberales? ¿Existen sectores acaso  reformistas interesados en ampliar los derechos y mejorar la situación social de los trabajadores? Para estas preguntas la respuesta es negativa. Al fin de cuentas la oligarquía ha logrado nuclear a toda la burguesía para imponer y resguardar un capitalismo salvaje y dependiente. Ante los problemas fundamentales de la sociedad costarricense no existen fisuras en la oligarquía, es un bloque compacto con otros grupos burgueses y todos sometidos a los dictados del imperialismo.
No se trata de concepción sectaria. Los comunistas estamos en plena disposición de colaborar con cualquier movimiento de sectores de la burguesía que se propusieran alcanzar  un desarrollo económico independiente,  por el respeto a soberanía nacional y la justicia para los trabajadores. Esta es la posición de los comunistas de siempre, así lo hicimos durante la lucha por la reforma social de la década de los cuarentas y por esa alianza pagamos un alto precio, la ilegalización y  la pérdida de vidas extraordinariamente valiosas. Después fuimos perseguidos hasta por los que antes fueron nuestros aliados. También apoyamos a los pequeños grupos  burgueses que apoyaron la lucha del Frente Sandinista de Liberación contra el somocismo.
En las condiciones económicas y políticas generadas por el sometimiento a los dictados del neoliberalismo, se han multiplicado los factores de sometimiento y dependencia y con ello el fortalecimiento del dominio  de la oligarquía.
En la lucha contra el TLC todos los grupos de la burguesía se aliniaron con los intereses imperialistas; la fuerza de choque de los entreguistas fueron el Gobierno de Arias, las Cámaras Patronales, los bancos y empresas extranjeras. No hubo disidencias visibles.
No debe confundirse a la oligarquía y a los burgueses que le siguen, que se someten a sus dictados, con otros grupos sociales que, como la  pequeña burguesía, las capas medias de la sociedad, así como los campesinos medios.  Estas capas de la sociedad son también explotadas por los grandes ricos y sienten en carne propia los efectos del neoliberalismo. Especialmente los ahoga el “libre comercio” que es otro nombre  el falso de la explotación imperialista. Indudablemente estos sectores son una importante reserva de las fuerzas revolucionarias.
IV
Al revisar la estructura de la sociedad costarricense es necesario examinar el acelerado crecimiento de los sectores desplazados por la dependencia y por las características propias  del modo de producción  capitalista. Me refiero a lo que Marx llamó el ejército industrial de reserva, es decir los grupos sociales desplazados por  régimen de acumulación  que busca la máxima ganancia sin importar cuáles sean las condiciones de vida de los explotados.
Precisamente la búsqueda de la máxima ganancia, ley propia y esencial del capitalismo, es el generador de todas las desgracias de la clase obrera y de todos los estamentos sociales explotados. Obviamente el capitalismo crea puestos de trabajo, sin los cuales no podría existir, pero también es el generador de la desocupación y el desplazamiento de los sectores excluidos.
El capitalismo nace de la decadencia del feudalismo y de la explotación de grandes masas campesinas. Los campesinos arruinados o desplazados dieron origen a la clase obrera con ese fenómeno nació el modo de producción capitalista. Este tránsito social fue estudiado profundamente por Carlos Marx en el capítulo 24 del primer tomo del El Capital, con el título “ACUMULACIÓN PRIMITIVA”. .
No es paradójico que el proceso de la acumulación capitalista SEA el generador de la desocupación y de la existencia de grupos desplazados y empobrecidos, azotados por la desnutrición, enfermedades e ignorancia. Grupos humanos que parecen arrancados de la civilización y sumidos en un mundo de absoluta despersonalización. Estos sectores de la población no están sometidos a la explotación directa del capital pero sufren  las consecuencias de este modo de producción que es capaz de determinar los procesos sociales de explotación y jurídicamente determinados.
“La producción de la plusvalía, la obtención del lucro; tal es la ley absoluta de este modo de producción” capitalista” (El Capital. Tomo I, pág 521) y ese afán,  el motor principal de la acumulación del capital.
El ejército industrial de reserva es un contingente disponible que pertenece al capital de modo tan absoluto como si se criase y mantuviese a sus expensas” (El Capital, tomo I pág. 535).
La búsqueda de la máxima ganancia estimula nuevos métodos y nuevos desarrollos tecnológicos que hacen más productivo a cada trabajador individual, pero socialmente significa la disminución de la fuerza de trabajo y, consecuentemente, el desplazamiento de trabajadores a la miseria de la desocupación, o trabajos informales.
Marx en el capítulo citado agrega lo siguiente: “A la producción capitalista no le basta, ni mucho menos, la cantidad de fuerza de trabajo que le suministra el crecimiento natural de la población”. Para desenvolverse necesita un ejército industrial de reserva. Los desocupados, los jóvenes que ni trabajan ni estudian, los trabajadores informales y los desplazados, siempre están presionando el mercado de trabajo y hacen así que se paguen salarios de miseria.
Así resulta que el capitalismo crea puestos de trabajo, puesto que la explotación de los obreros es su razón de ser. El capitalismo no podría existir sin la explotación de los trabajadores. Pero también, como es evidente, destruye puestos de trabajo o incorpora a grandes sectores al modo de producción capitalista pero tan pronto como dejan de ser necesarios para su propósito los desplaza.
Por este camino el capitalismo es el generador de la crisis de la economía campesina y al tiempo crear un enorme grupo de trabajadores desocupados u ocupados a tiempo parcial. Poco menos de la mitad de la fuerza de trabajo se ocupa de actividades informales. De estos grupos nace el lumpen. Otro fenómeno muy negativo es que muchos profesionales universitarios se dedican a actividades muy por debajo de las posibilidades de su formación, por ejemplo muchos de los trabajadores en la esfera de los servicios, por ejemplo en los “Call Center”.
Unas pocas líneas sobre la crisis de la economía campesina, que tiende a convertirse en una crisis humanitaria.  Los campesinos han sido desplazados por la agricultura de grandes plantaciones cuya producción es exportada, por el desarrollo turístico y especialmente por el libre comercio que ha permitido que el productor sea sustituido por comerciantes parásitos.
Es conmovedor asistir al triste espectáculo de ver a los productores agrícolas vendiendo sus productos en los semáforos de la capital.
Estamos en presencia de una crisis social especialmente grave. Una gran parte de la población está en pobreza y con tendencias a bajar. La lucha estúpida contra los empleados públicos agravará la crisis, tanto que podría resolverse en una explosión social de consecuencias no previstas todavía.
La discusión en el parlamento y en las cámaras patronales evidencian de  que dirigentes políticos la burguesía son  insensatos y carentes de seriedad para enfrentar los problemas nacionales.
V
El progreso tecnológico, incluso el apenas incipiente en nuestro país, determina la disminución de la fuerza de trabajo para alcanzar resultados idénticos. Es decir, produce desocupación y pobreza.
Si fuera posible y necesaria de una alianza de los comunistas con movimiento burgueses progresistas estaríamos dispuestos a llevarla adelante, en tanto sea favorable para la clase trabajadora. Esta es nuestra posición permanente, siempre y cuando tal conducta política sirva a los intereses de la población trabajadora.
Con el propósito de desarrollar estas ideas y mostrar que no son posiciones de última hora sino de principios de siempre, copiaré algunas ideas expresadas por Lenin. Dice: “Entre la burguesía de los países explotadores y la de las colonias se ha producido un cierto acercamiento, de modo que muy a menudo—talvez en la mayoría de los casos—la burguesía de los países oprimidos, aunque apoye los movimientos nacionales, al mismo tiempo lucha de acuerdo con la burguesía imperialista, es decir, junto con ella, contra todos los movimientos revolucionarios y contra todas las clases revolucionarias. En la comisión (del Congreso de la IC) esto fue irrefutablemente probado y vemos que lo único era tener en cuenta esta diferencia y sustituir en casi todos los casos la expresión “democrático burgués” por “nacional revolucionario”. El sentido de esta sustitución consiste en que los comunistas debemos apoyar y apoyaremos los movimientos burgueses de liberación en las colonias solo cuando estos movimientos sean realmente revolucionarios, cuando sus representantes no nos impidan educar y organizar en el espíritu revolucionario al campesinado y a las grandes masas de explotados” (Lenin. Obras Completas. Tomo XXXIII, Pág. 365. II Congreso de la Internacional Comunista. Julio 1920)
Estas palabras fueron dichas hace 95 años, pero si se hacen las adaptaciones históricas necesarias, fácilmente se podría colegirse que, hechos los ajustes imprescindibles, las ideas esenciales expresadas ahí, las de los comunistas de hoy. Los movimientos reivindicativos de la burguesía no podrán ser apoyados si son antipatrióticos y si son enemigos de la justicia social.
La lucha ideológica tiene instrumentos fundamentales, entre los cuales vale la pena destacar los periódicos, las televisoras, las radioemisoras, la escuela y la propaganda religiosa. Estos medios están monopolizados por la oligarquía y están bajo la égida política de los diversos servicios imperialistas. Estos recursos son muy variados: van desde agencias secretas como la CIA hasta algunas  ONGes.
Grandes sectores de la población critican severamente a los medios, pero no logran conectarlos dialécticamente con los centros del poder político; buena parte de estos críticos no logran percibir adecuadamente su subordinación a los centros del poder económico. Si el “medio” es una cosa en sí, como un globo rodeado de aire por todas partes, nuestra crítica resultaría falsa. Pero es todo lo contrario. Es necesario comprender la relación dialéctica de ambos elementos. Los medios y, en general, la propaganda son instrumentos de dominación o para decirlo a lo tico, de “domesticación” de las masas. La lucha ideológica es inseparable de la lucha política.
Solo un pequeño sector de la población asume una actitud crítica y analítica, ante lo que publican los periódicos o difunden las televisoras y el clan radiofónico.
Estos medios también divulgan las ideas propias de un nacionalismo  que no tiene nada en común con la lucha con dependencia. El nacionalismo burgués nunca será patriótico, por el contrario, es parte del arsenal ideológico de la oligarquía y de los partidos que la representan.
El imperialismo a través de la ideología  ha logrado tejer una trampa, al igual que lo hacen las arañas, para atrapar a los sectores populares. Su principal objetivo es impedir que los trabajadores y otros sectores explotados adquieran conciencia de su propia situación social. La ausencia de esa conciencia encubre  la explotación, la discriminación y la exclusión social.
Dicen “somos costarricense y eso es lo importante”; obviamente los principal no es la nacionalidad, sino las condiciones de vida de los trabajadores y el desarrollo de la conciencia social.
Obviamente, lo decisivo es que un pequeño grupo de la sociedad explota a la gran mayoría, incluyendo a los pequeños y medianos propietarios; lo más importante es la diferenciación social. Los dueños del capital mandan también en el gobierno, en el Tribunal Supremo de Elecciones, en el Poder Judicial y en todas las otras instituciones estatales.
El poder del pueblo es una ficción, una auténtica burla.
La burguesía oligárquica no tiene patria, su patriotismo vale menos que el papel en escriben sus libelos contra el pueblo trabajador.
Su política y su ideología son en esencia las mismas que las de los imperialistas que dominan.
Hace ya muchos años, en 1913, Lenin escribió lo siguiente: Los socialdemócratas (los comunistas) deben tener en cuenta además que los terratenientes, el clero y la burguesía de los naciones oprimidas encubren a menudo con consignas nacionalistas sus esfuerzos por dividir a los obreros, y que los engañan entrando en componendas, a sus espaldas, con los terratenientes y la burguesía de la nación dominante, en perjuicio de las masas trabajadoras de todas las naciones” (Obras Completas, Tomo XX, página 185)
Podría alguien negar que esto es exactamente lo que ocurre en la vida política de nuestro país, aunque hay que agregar en situación actual se trata de una dependencia económica, cultural y política.
Podemos afirmar que el único patriotismo auténtico es el patriotismo antiimperialista y defensor de los intereses populares. Todo lo demás es basura.
VI
Ahora quisiera referirnos a otro elemento de la dominación ideológica. Se trata del sistema y de las experiencias electorales.  
En primer lugar un hecho: los últimos presidentes que obtuvieron amplias mayorías en las elecciones  pocos meses después han perdido el respaldo del pueblo.
¿No es esta, acaso, una terrible anomalía política?
La pérdida de apoyo popular es la pérdida de legitimidad real aun  cuando se conserve la formal-jurídica.
En nuestro sistema presidencialista quien ejerce ese cargo es intocable, legalmente no es posible sustituirlo, salvo en los casos a que se refiere el inciso 8  del artículo 121 de la Constitución. Esta posibilidad limita la competencia legislativa a “resolver las dudas que ocurran en caso de incapacidad física o mental de quien ejerza la Presidencia de la República, y declarar si debe llamarse al ejercicio del Poder a quien deba sustituirlo…”
El resultado  es que una autoridad que reúne la doble condición de Jefe del Estado y Jefe del Gobierno pueda serlo sin apoyo popular. Reduciendo al absurdo la situación planteada se podría presentar el caso de un gobernante con cero aceptación por el pueblo.
La situación planteada no es la más importante.
Lo más grave, según nuestra opinión es que la cultura política de los costarricenses esta manchada por el electorerismo. Entendemos por electorerismo un vicio según el cual las faltas, fallas o hasta delitos de un mandatario debe resolverse eligiendo a un nuevo grupo dirigente, en un nuevo proceso electoral.
Esta es un larguísimo capítulo de nuestra historia reciente.
La cultura política electorera ha sido una de las fuentes principales de un sistema político y administrativo cuyas rasgos fundamentales son la ineficiencia, el desorden administrativo y la corrupción.
Los gobernantes inmunes frente a la ley han dado como resultado, además, la desaparición de la responsabilidad política. No hay en el gobierno y en otras instituciones delitos o faltas  políticas perseguibles, todo se tramita como error administrativo. El llamado “control político” al que la Asamblea Legislativa dedica muchas horas no pasa de ser un rosario de discursos intrascendentes. El mismo resultado lo dan las llamadas “comisiones de investigación”. Es puro desahogo cuando no pura palabrería parlamentaria.
Esta alcahuetería en las alturas ha impregnado de irresponsabilidad histórica a las masas populares. Y esto es lo peor que le puede ocurrir a una nación. La espera más o menos pasiva de unas nuevas elecciones ha provocado un verdadero letargo histórico.
Hace ya muchos años que en nuestro país no se ha producido ningún acontecimiento capaz de hacer cambiar, aunque sea moderadamente el rumbo del país.  Si se compara con  un barco podríamos decir que es una nave sin rumbo determinado, sin capitán, con una tripulación ineficiente y, además, con las velas rotas.
Los candidatos vencedores ofrecen una lucha contra la pobreza, pero la pobreza crece cuantitativamente y se profundiza; ofrecen crear nuevas fuentes de trabajo, pero la desocupación y la semiocupación crecen; ofrecen estabilidad a los campesinos pero la crisis de la economía campesina tiende a convertirse en una crisis humanitaria; ofrecen luchar contra la corrupción pero el ejército de los corruptos se mantiene intacto y fortalece sus posiciones. En fin, todo sigue igual, sino es que empeora.
El diagnóstico esbozado no puede entenderse como una oposición contraria a los procesos electorales; creemos en una vida democrática en la que se permita a todos los ciudadanos elegir a las autoridades que han de regir al país.
Pero lucharemos contra el modelo electoral impuesto al país.
Es necesario luchar por un nuevo modelo electoral, realmente democrático, honesto, abierto y participativo.
Entre las cuestiones fundamentales está el financiamiento de los partidos políticos. El problema no es el control posterior, la cuestión reside en la necesidad de transformar el modelo de la entrega de recursos. No nos oponemos a que el Estado contribuya con los partidos políticos que participan en la campaña, nos oponemos a los gastos excesivos que permiten que las campañas electorales se conviertan en procesos en que los propósitos reales, si es que los hay, se ocultan tras un mundo de mentiras, plagado de manejos sucios y de  actividades extrapolíticas , simples charangas bullangueras. En estas actividades se gastan muchos  millones que salen del bolsillo de los que pagan impuestos.
 El árbitro electoral debe ser el garante de que los partidos tengan un trato igual en todos los aspectos y de que la campaña se desarrolle explicando a los electores un programa de gobierno..
No basta con escribir un programa y presentarlo, se trata de explicarlo con claridad y obligar a las autoridades electas tenerlos como una orientación permanente. Decir una cosa y hacer otra es una estafa política, lamentablemente tan frecuente que ya pasa desapercibida para la mayoría de los electores.
Además es necesario impedir que aparte de los aportes económicos, a menudo espurios, se utilicen  para la difusión y explicación de falsos propósitos políticos.
Otra cuestión fundamental es que se impida a los medios favorecer a algunos candidatos en detrimento de otros. Debe prohibirse que los medios tengan una participación directa en las campañas electorales.
Pensamos es que los gastos de propaganda y difusión sean administrados por el árbitro electoral y que éste debe garantizar la igualdad de condiciones. Y así será posible garantizar la igualdad de condiciones a todos los candidatos.
Habría que tomar otras medidas como la posibilidad de los candidatos independientes y adquirir el derecho a votar a los 16 años.
Debe modificarse la integración del TSE y el método de su nombramiento.
Es obvio que la crítica a los procesos electorales debe ser uno de los  fundamentos para la construcción de una  nueva cultura política raíces populares.
VII
El otro gran problema ideológico  es  “aceptar” bajo la presión de la ideología dominante que las diferencias sociales están determinadas solamente por el monto de los ingresos. Bajo esta falsificación de la realidad se oculta la verdadera estructura social que responde al modo de producción. Ya no se habla de burgueses, pequeños burgueses, obreros, campesinos, sino de quintiles. Los más ricos están en el quintil uno y los más pobres en el último quintil. Así que se logra obviar el análisis de la real estructura de la sociedad capitalista, determinada por los explotadores y los explotados obreros y otros trabajadores.  Algunos conceptos han desaparecido del lenguaje de los medios y de algunos políticos, por ejemplo, “obrero”,  “proletario” y hasta burgués. La burguesía pasó a llamarse “empresa privada” o “sector productivo”.
Las diversas formas de la explotación capitalista se unen bajo el común denominador de “pobreza”, ocultando que no solamente hay pobres que ante existen explotados. Así es como los ideólogos de la burguesía y sus propagandistas ocultan la explotación del hombre por el hombre.
Bajo este signo y falsificación los partidos de la derecha hacen sus campañas electorales con la consigna de “lucha contra la pobreza” y precisamente por eso también todas estas campañas resultan ser absolutamente falsas. Después de cada campaña, el nuevo gobierno, en vez de abatir la pobreza la hace crecer y adquiere cada vez características socialmente más negativas.
El capitalismo genera, como un fenómeno histórico natural, la presencia de “un ejército industrial de reserva” que si bien presiona sobre el marcado de trabajo, genera sectores de lumpen que toman el camino de la delincuencia, la prostitución, la drogadicción y otros problemas igualmente nefastos.
Como es bien sabido a la par del desarrollo tecnológico se desarrolla la tendencia a la desocupación. El número de desocupados crece a nivel mundial.
En el desarrollo capitalista en un país pobre y subdesarrollado como el nuestro  aparecen con una enorme fuerza los cambios estructurales  expuestos.
Unas palabras como “tugurios” nos muestra la tendencia a ocultar las realidades sociales, tergiversando su esencia. El diccionario de Real academia nos la acepción de la palabra tugurio: “Choza o casilla de pastores 2.- habitación, vivienda o establecimiento pequeño y mezquino”.        
Lo importante evidentemente no es la estructura material de las viviendas lo trascendente es quienes lo habitan. El problema no son las cosas sino los seres humanos y las grandes preguntas es cómo esos miles de personas se han visto obligadas a vivir en esas condiciones y cuál el origen social de esa situación.
El origen es la explotación capitalista y la entrega de  los recursos nacionales y de la fuerza de trabajo a los monopolios imperialistas. Los habitantes originales de esos bolsones de miseria son los desplazados por la crisis de la economía campesina, por la crisis de los sistemas de enseñanza, por los desocupñados y los migrantes de diversos países centroamericanos, especialmente de Nicaragua.
El llamado primer poder de la República no es tal poder, es un ente subordinado a los sectores del poder fáctico que, por medio de los partidos burgueses proimperialistas y  del silencio de los reformistas imponen sus intereses en el parlamento.
La llamada izquierda parlamentaria está paralizada por sus propios errores y por perspectivas políticas sin sentido transformador. Su aspiración principal es ser la conciencia crítica del capitalismo y no un portador de la transformación socialista. Lamentablemente, con integrantes merecedores del mayor respeto, es una fracción parlamentaria políticamente descoyuntada e ideológicamente empobrecida. Buen ejemplo es su alianza con el PAC, al que consideran “la transición a la izquierda” según las palabras del Jefe de Fracción, señor Gerardo Vargas. El PAC está irremediablemente dividido y su gobierno no es más que la continuación del liberacionismo cada día más corrupto y más ineficaz. ¿Es con este gobierno con quienes ha pactado el Frente Amplio? El PAC está irremediablemente dividido y enfermo. Pareciera que no logrará sobrevivir al periodo presidencial de Solís Rivera.
También vale la pena preguntarse qué sentido, tiene en un momento de una profunda crisis social objetiva que requiere el ejercicio responsable de una lucha tenaz y revolucionaria para convertirse en un movimiento social transformador, hacer una alianza con la derecha sindical oportunista y corrupta.
VIII
La demanda fundamental de la lucha contra el neoliberalismo es la lucha contra el “libre comercio” que como es evidente vulnera la soberanía nacional y destruye el tejido económico tradicional de nuestro país. La lucha contra los programas de ajuste estructural y contra los tratados de libre comercio están ausentes en el pacto FA-PAC , donde se habla de lucha contra el neoliberalismo pero que, en la realidad se soslayan los elementos principales del problema. Sobre los problemas tocados en el documento de unidad, incluso la oligarquía está dividida. Se trata de asuntos entonces que interesen a fracciones de la burguesía pero que están muy lejos de responder a las demandas objetivas del pueblo trabajador.
Los sindicatos involucrados se han comprometido con los jerarcas a ahogar las demandas, como ejemplo el convenio ASDEICE con la Presidencia del ICE. ANEP sirve para desviar la atención sobre los convenios del Gobierno con el FMI y el Banco Mundial. No son, acaso, suficientes estos ejemplos para mostrar que los hechos y los propósitos reales están muy lejos de las palabras engañosas.
Es urgente la unidad popular pero para luchar no para engañar y  tratar de desarmar ideológica y políticamente a las masas populares.
El oportunismo es el sirviente de última instancia de la oligarquía y del imperialismo, según lo enseña la historia política de muchos países en diversas latitudes del mundo.
Una observación más sobre el convenio oportunista. A lo largo de todo el documento no se menciona siquiera la crisis de la economía campesina. Esta es la crisis fundamental de la economía costarricense. El campesino productor ha sido sustituido por el intermediario comercial inescrupuloso. Actualmente los alimentos básicos son en gran medida importados: arroz, frijoles, maíz, papas, ajos, cebollas, buena parte de las frutas y de la carne. Además hay que decir que buena parte de la agroindustria alimentaria es propiedad de grandes monopolios extranjeros. La pobreza y el desamparo crecen en el campo y aumentan los núcleos miserables de los desplazados, en las zonas urbanas. Dicen que la pobreza tiene rostro de mujer, habría que agregar que el rostro del desamparo y de la insensibilidad gubernamental tiene rostro de niños y niñas. Un gobierno con sentido social, pero serio, tendría que comenzar por resolver la pobreza en primer lugar solucionando la crisis de la economía campesina. La solución hace indispensable y urgente terminar con el libre comercio esclavizador.
Las oligarquías neoliberales han sacralizado el libre comercio y la inversión extranjera. Ante tal concepción es imprescindible una herejía revolucionaria.
En la historia del capitalismo podemos distinguir, grosso modo, una etapa en que dominaba la venta de productos y la repatriación de las ganancias; luego la exportación de los capitales, fundamento de la política imperialistas y ahora, la llamada inversión directa para la sobrexplotación de la mano de obra y de los recursos naturales de los países dependientes. Es decir que exportan mercancías, exportan capitales y explotan directamente a los trabajadores y a las fuentes de materias primas. Esto significa que los nuevos modelos de explotación imperialista se hacen cada vez más directos y brutales. El imperialismo, por estas vías, transforman a las burguesías nacionales en una clase cada más dependiente, menos productiva y más rentista, más apátrida y más explotadora.
En este proceso tiende a desaparecer el sector de la burguesía que, en alguna medida, representaba intereses nacionales. Es una especie en vías de extinción si es que no se extinguido totalmente.
Ocurre lo contrario con los sectores medios cuyos ingresos y condiciones de vida tienden a disminuir drásticamente. Durante muchos años el sustento electoral de algunos partidos, sobre todo del PLN, eran precisamente estos grupos sociales. En estas condiciones es necesario trabajar por hacer realidad una alianza política de los obreros, los campesinos pobres o los arruinados con las clases medias. El centro de tal alianza de ser necesariamente la lucha contra el neoliberalismo.
Los neoliberales buscan desesperadamente puntos de encuentro político con los sectores medios de la población. Esto explica la extraña consigna de Figueres Olsen: hacer del PLN un partido de izquierda en lo social y de derecha en lo económico. Es el rumbo de la crisis política sin remedio, cuyo destino será el de una nave que coloca las velas para virar a la izquierda y el timón en la dirección contraria y su destino el hundimiento. Otros partidos, convertidos en un archipiélago sin conexión entre sus integrantes, tampoco están en condiciones de dirigir los asuntos públicos en condiciones de la inevitable crisis.
La clave de la situación es la unidad popular.
No se puede olvidar que la fuerza de la derecha tiene su generador en la debilidad y desunión del pueblo. La solución de este intríngulis está en las manos del pueblo.

IX
El mal llamado “realismo” es un freno para la acción revolucionaria, puestos que los realistas nunca lograr ver las condiciones reales para el desarrollo de la lucha revolucionaria. Ese falso realismo no tiene nada que con el estudio científico de las condiciones en que se desarrolla el enfrentamiento contra los enemigos del pueblo. Hay personas o compañeros que son tan fieles al “realismo” que son incapaces de percibir los cambios sociales y, a menudo, se inventan dificultades inexistentes. Se inventan “desastres inminentes” frente a los cuales es mejor mantener intacto el sistema.
Reproduzco un párrafo escrito por Marta Harnecker. “Ya Gramsci criticaba el realismo político “excesivo” porque éste conduce a afirmar que lo políticos deben operar sólo en el ámbito de la “realidad efectiva”, y que no deben interesarse por el “deber ser”, lo que implica que estos políticos no son capaces de ver más allá de la nariz. Para el pensador italiano, son los diplomáticos y no los políticos los que deben moverse únicamente en la realidad efectiva, porque su actividad efectiva no es crear nuevos equilibrios, sino conservar dentro ciertos cuadros jurídicos un equilibrio existente. Concebía al verdadero político como Maquiavelo: un hombre de partido, de pasiones poderosas, un político de acción que quiere crear nuevas relaciones de fuerzas y no puede por ello dejar de ocuparse del “deber ser”, no entendido por cierto en el sentido moralista.
“Pero este político no crea de la nada, crea a partir de la realidad efectiva. Aplica la voluntad a la creación de un nuevo equilibrio de fuerzas partiendo de lo que en ella hay de progresista y reforzándolo. Se mueve siempre en el terreno de la realidad efectiva, pero para dominarla y superarla (o contribuir a ello).”
La realidad efectiva es la que resulta del análisis científico y que se convierte en nebulosa en las ideas de los reaccionarios y de los oportunistas. Su realidad está siempre matizada por sus conveniencias, por es siempre esencialmente reaccionaria.
La política realmente popular,  revolucionaria y patriótica, nos obligan  a buscar en el “deber ser” una nueva política para hacer realidad las necesidades de cambio que demanda el pueblo trabajador. Para lograrlo es imprescindible una nueva cultura política que debe nacer del estudio, pero esencialmente de las experiencias de la lucha.


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