viernes, 27 de marzo de 2015

SE CASTIGA LA VERDAD DICHA POR FEDERICO PICADO Y SE AVALA LA POLÍTICA CRIMINAL DE LOS YANQUIS.


Humberto Vargas Carbonell
Aunque duela decirlo  una vez más: desde hace muchos decenios, dejando fuera el Gobierno que presidió Rodrigo Carazo, nuestro país no tiene una política internacional independiente. La “Casa Amarilla” no es más que una sucursal de la Embajada de los Estados Unidos y, a ratos, de las embajadas de otros países igualmente sometidos a los intereses del imperio.
La última prueba de nuestra afirmación ha sido la defenestración de Federico Picado, hasta ayer embajador ante el Gobierno de Venezuela.
El entonces Embajador fue interpelado por la Nación y dio su visión sobre lo que se está viviendo en Venezuela. Sus repuestas se limitaron a decir sobre el país hermano lo que hubiera dicho cualquier persona decente, liberada de prejuicios y no sometida al monopolio mediático manejado desde Washington por la  Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Puestas en una balanza la verdad y la mentira, para el Gobierno pesaron más las falsedades ajenas que la franqueza de un funcionario honesto.
Según el Ministerio de Relaciones Exteriores el señor Picado tenía la obligación de mentir, sumergirse en el basural construido por  los intereses de un imperio decadente y por decadente cada día más insulso y más criminal. Y es muy bueno que no lo hiciera, puesto que si lo hubiese hecho ahora estaría siendo condecorado por el Presidente y el Ministro.
Salió limpio de la prueba el Embajador;  una vez más y un nuevo gobierno hace evidente su falta de entereza mientras detrás de la cortina se esconden, aplauden y se burlan los agentes de la “gran potencia”.
Obviamente el pueblo no es culpable, y la gran mayoría está arrepentida de haber dado su voto creyendo que sufragaba por un cambio, pero le recetaron el continuismo. Todo sigue igual y la renovación es una cuenta pendiente.
La Revolución Bolivariana de Venezuela, sus enormes riquezas naturales y especialmente su petróleo, están en la mira de los yanquis, lo quieren no para el mutuo beneficio sino para robárselo como lo hicieron durante decenios de “poder burgués”, a veces “democrático” y otras,  abiertamente criminal.
Los yanquis inspiran y financian a una oposición sin patria y además violenta. Algunos de ellos han sido tomados infraganti y, como es normal, están siendo juzgados según mandan las leyes venezolanas. El imperio reclama para ellos inmunidad e impunidad. Han formado una entente de defensores de oficio de los delincuentes venezolanos. Según el “nuevo derecho” no escrito, instituido por el imperio, los golpes de Estado contra gobiernos populares son santificados, igual que los actos criminales de las dictaduras que sirven a los intereses de Washington.
Esta es la moral de los imperialistas a la que sin ningún recato sirve la política internacional del Gobierno de Costa Rica.
Es ocasión para recordar que el Gobierno de Abel Pacheco sumó al país a la coalición de los cómplices que encubrieron  la invasión a Irak. Todo fue montado sobre una gran mentira ya desenmascarada, pero los gobernantes  se comportaron como borregos.
Podría hacer mención de guerras y golpes de Estado urdidos en Washington y todos con la complicidad, no siempre  silenciosa, de los Gobiernos de Costa Rica. Esta es una historia dolorosa, repugnante y bien conocida.
El Ministro de Relaciones Exteriores hace mención una norma reglamentaria para destituir al Embajador Picado pero quedamos esperando la respuesta a la siguiente pregunta:--¿Por qué no se le aplicó la misma norma en el caso agravado del Embajador ante el Gobierno de Israel que se sumó a las falsas razones con que intentaron justificar el genocidio contra el pueblo de Gaza?
Rodrigo Carreras que violó todas las normas del quehacer diplomático y se convirtió en propagandista del Gobierno israelita, mientras se cometía un terrible crimen de lesa humanidad, no fue destituido, al contrario, ya está nombrado para una nueva embajada.
¿Cuál es la diferencia? Carreras mintió y Picado dijo la verdad. Una vez más prevalece la falsedad frente a la verdad. La razón es muy sencilla: en un caso se trata de crímenes avalados por los yanquis, aun cuando se trate de un genocidio; en el caso de Picado se dijo la verdad sobre un pueblo que está luchando por su independencia y por la justicia social.

Así son las cosas. Por eso es necesario cambiarlas.

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