viernes, 13 de febrero de 2015

DOS POSICIONES SOBRE EL CAMBIO SOCIAL PRIMERA PARTE



Humberto Vargas Carbonell

A no pocas personas interesadas en la política, igual que mí, nos llamó la atención la declaración del señor Gerardo Vargas diputado del Frente Amplio según la cual “ESTE GOBIERNO DEL PAC ES UNA TRANSICIÓN A LA IZQUIERDA”. Como es  imposible aceptar esta tesis, consideramos necesario  analizar los problemas implicados en esa declaración. Trataré de hacerlo a mi manera, sin otro propósito que estimular la discusión de los asuntos nacionales, más allá de las estrechas fronteras electoreras.
Me parece que el sustantivo “transición” aplicado a la política puede entenderse de dos maneras. Una, según la cual “la transición” es un proceso sin saltos dialécticos, es decir que un gobierno burgués por la propia lógica de del sistema pueda ser mecánicamente sustituido por  un gobierno de izquierda que, se supone, será el portador de una profunda y popular transformación de la sociedad.  El otro entendimiento supone  que la agudización de los conflictos de clase y del modelo de explotación imperialista prepara a las masas para la lucha directa por el paso del capitalismo neoliberal a un modelo de sociedad socialista.
Interpreto que el señor diputado se refiere al primer sentido, es decir aquel  prevé un tránsito sin saltos de lo viejo a lo nuevo, es decir,  un proceso que se realiza al margen de la acción política de las masas. El proceso de la acción popular queda así la lucha puramente electoral.
Nosotros pensamos que esto no puede seguir ese camino, sino otro que va en dirección contraria.
Ante la posibilidad de que el Frente Amplio pudiera alcanzar una mayor votación se desató una campaña brutal.  Es lo que ellos mismos bautizaron con el nombre “campaña del miedo”, denominación que nos parece incorrecta, puesto que sería válida si realmente logran atemorizar a los luchadores.
Imaginen lo que ocurriría en este país si la burguesía llegara a la conclusión de que la “izquierda”, en sentido genérico, pudiera hacerse del gobierno. La lucha de clases inmediatamente tomaría  un carácter especialmente violento, frente a lo cual la mal llamada “campaña del miedo” no sería más que un juego de niños.
¿Cuál es la raíz entonces del error de quienes se apegan al electorerismo?
 Nos parece que es en gran medida el reflejo de la falsificación permanente, tanto en los medios como en las escuelas, de la realidad social.  Sin arrancar la máscara que la oligarquía ha colocado delante de la realidad no será posible comprender bien en qué tipo sociedad nos corresponde actuar y  en consecuencia tampoco encontrar las vías para superarla.
Es evidente que cada clase analiza los fenómenos sociales desde una óptica ideológica  diferente y que el resultado del análisis determina la acción política.
Pensamos que el deber las izquierdas, comunistas o de otra orientación, es volcar su mirada sobre la realidad de los que sufren, de los obreros explotados, de los campesinos sin tierra, de los pescadores sin derechos, de los habitantes de los tugurios, de los aborígenes explotados sin tregua durante más quinientos años, de los jóvenes desocupados empujados por la miseria a los vicios y a la prostitución, de las madres solas sacrificadas al extremo por la sobrevivencia de sus hijos: de todos los discriminados por una burguesía apátrida, insensata y avarienta. Determinar quiénes son los que están destruyendo al planeta y con ello la vida misma.
Al lado de esta realidad hay otra,  la de los oligarcas, de los que entregan lo que NO les pertenece a los monopolios imperialistas y le roban su sudor a los trabajadores, a los grandes banqueros,  que son verdaderas sanguijuelas que se alimentan de lo que chupan al esfuerzo de toda la sociedad.  Es un cardumen de pirañas reclamando el “derecho” a devorar a los demás. A  ese infame “derecho” es al que aquí y afuera le llaman “democracia”, por supuesto carcomida por la corrupción, hipocresía y el puritanismo.
Es claro también que entre estos grupos sociales hay estamentos medios, que cada día están más lejos de los oligarcas y más cerca de los explotados. Estos, víctimas propiciatorias de la llamada “diferenciación social” que no es más que  un eufemismo para callar una verdad: vivimos en una sociedad cada día más injusta.
Pues de esta diversidad social, los comunistas hemos optado por los pobres, contra los explotadores y con una gran esperanza puesta en los sectores  medios.
Si se acepta esta realidad aquí resumida no queda lugar para la indiferencia, ni para la neutralidad. El camino es optar. El que no opta traiciona.
LOS OBREROS EXPLOTADOS Y LAS CLASES DOMINANTES
En dependencia del análisis social se asumen las posiciones política, pero no arbitrariamente, sino en relación con una concatenación dialéctica que, por eso mismo, rechaza las interpretaciones formalistas y las que no pasan de ser simples introspecciones.
El individualismo es la negación de la ciencia social y, a menudo, simplemente una especie de solipsismo, que por sus consecuencias  vendría a ser la mayor inmoralidad social.
Los individualistas me traen a la memoria a un extraño y sinvergüenza personaje de un poema de Luis de Góngora, que ustedes fácilmente recordaran.
Ándeme yo caliente

Y ríase la gente.

Traten otros del Gobierno

Del mundo y sus monarquías,

Mientras gobiernan mis días

Mantequilla y pan tierno,

Y las mañanas de invierno

Naranjada y aguardiente,

Y ríase la gente
Estas líneas las guardo en la memoria porque siempre he pensado que serían excelentes como primer párrafo de un himno de UCAEP. Con gusto las comunicaría si supiera que alguien haya decidido dedicar su talento a tan innoble propósito.
Los oligarcas fácilmente olvidan sus rencillas cuando  ven en riesgo sus ganancias y, como el dinero no es portador de ningún propósito honesto o generoso, unidos se comportan como fieras hambrientas, aunque tengan repletas sus barrigas.
Cuando les es posible lograr sus propósitos con cierto grado de paz social, lograda con el uso de recursos ideológicos e imposiciones,  encubren su explotación con pequeñas obras caridad, que son la demostración de la mentira sistemática de burgueses y de gobiernos ineficientes o, en el peor de los casos, corruptos.
Me parece que es oportuno preguntarse ¿Cuál es la fuente de la ganancia capitalista? Pues el trabajo de los asalariados o de los siervos o de los esclavos.
La fuente de todo enriquecimiento—de manera directa o indirecta—es la explotación del trabajo ajeno.
Los explotados reciban una parte de la riqueza producida, el resto se lo apropia el burgués.
A quien le interese lo que aquí resumimos tan sencillamente como nos es posible, debe estudiar “El Capital” de Carlos Marx.
El capital tiene su razón de ser en el afán de alcanzar la máxima ganancia y el obrero lucha por obtener una parte justa de la riqueza producida por su trabajo.
No es difícil percatarse de que este proceso de la producción material es la fuente directa y primaria de la lucha de clases.
En las condiciones del capitalismo es el antagonismo entre ganancia y salario.
Este antagonismo no desaparece automáticamente, genera una lucha permanente  que se expresa políticamente con la existencia de una clase dominante y otras subordinadas.
La clase dominante subordina a sus intereses toda la institucionalidad, los poderes públicos (Poder Legislativo, Poder Ejecutivo y Poder Judicial y otras instituciones anexas). La principal tarea del  aparato represivo es precisamente defender los intereses de la clase dominante.
Vale la pena recordar y examinar  en la lucha generada por la promulgación (pospuesta) de la Ley Procesal Laboral.
Las cámaras patronales y su cúpula (UCAEP) gritan y patalean y, como cada vez que se dicta una norma laboral, anuncian su inminente ruina. Esto no es tanto la oposición a laley como el intento de debilitar al Gobierno y someterlo más y más a sus intereses. En este campo han tenido éxito. También ganan terreno en el propósito de desprestigiar a la izquierda parlamentaria, a la que han puesto de rodillas, con la salvedad de  la diputada Ligia Fallas.
Todos esos escándalos son prueba de su miedo y de su afán de conservar  el poder absoluto. Temen al pueblo, sus debilidades las compensan obligando a los poderes del Estado a ser más eficiente en la defensa de los intereses capitalistas.
Esta conducta es vieja en la historia. El lloriqueo capitalista es siempre el anuncio de la más brutal represión. También el Libertador tuvo que enfrentar esas maniobras. Juan Rafael Mora Porras, al momento de la recepción del Ejército Vencedor, en 1856 dijo: “Yo también he lidiado con mil dificultades, contra la escasez y la inercia, contra el egoísmo y la pusilanimidad de esos seres a quienes el más leve revés espanta, para quienes la más ligera nube es una tempestad que augura un naufragio porque no se han convencido de que la gran virtud de un patricio es la indómita constancia en la próspera o adversa fortuna”.
La política se desnaturaliza cuando se convierte en un intercambio de temores. Es admisible el temor de los burgueses y de los imperialistas ante los revolucionarios de todos los signos. Esto es comprensible porque están cuidando sus privilegios, pero es inadmisible entre en las fuerzas populares, puesto que precisamente el temor obstaculiza la lucha por un futuro de justicia social, de defensa de la patria y de lucha contra la pobreza y la corrupción. No habrá cambio social sin audacia, sin espíritu creador y sin un esfuerzo sostenido por la unidad popular.
La derivación más sabia de la definición de la historia que hacen Marx y Engels al inicio del Manifiesto Comunista enseña que la historia la hacen las masas, no los líderes ni los partidos. La hacen  las masas cualquiera sea la vía por la que se busque la transformación revolucionaria de la sociedad. Ninguna alianza con las fuerzas de derecha, con la oligarquía y los yanquis permitirán ningún progreso realmente popular. En Europa y también en América Nuestra, partidos que nacieron como revolucionarios se corrompieron en la unidad con la burguesía; entonces se les puso el mote de “democráticos” aunque se trataba de una gavilla de traidores. Dos ejemplos: El “Partido Obrero Socialista Español” que terminó siendo representante de la gran burguesía y el imperialismo;  lo mismo podemos decir del APRA. Son capaces de ganar elecciones pero no de cumplir  las aspiraciones objetivas del pueblo trabajador.

El próximo miércoles 18 de febrero continuaresmos enfocando el  aspecto:

"LA LUCHA POR EL SOCIALISMO DEBE SER ORIGINAL"

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