martes, 21 de octubre de 2014

VENEZUELA AL CONSEJO DE SEGURIDAD DE LA ONU. RECIBIÓ EL VOTO DE 181 PAISES. UNA GRAN VICTORIA DEL ANTIIMPERIALISMO.

Autor: Humberto Vargas Carbonell

Es vergonzoso pero cierto,  durante muchos años la política exterior de nuestros gobiernos ha consistido precisamente en no tenerla. Es la estupidez de sentirse obligados a aceptar   decisiones ajenas, siempre que vengan del  Gobierno de los Estados Unidos. Es este uno de los rasgos más ominosos de la dependencia   impuesta por la potencia del norte y ante la cual, una  clase dominante, apátrida e insensible, hace bochornosas genuflexiones.
La derecha dependiente no encuentra ni encontrará remedio para su sometimiento, es una enfermedad incurable y a veces contagiosa. Los crónicos, cuando pierden sus privilegios, hacen su convalecencia en Miami. Los agachados y cobardes, gruñen como fieras enjauladas; son los cobardes del exilio que presumen de valientes.
Es esta especie derechosa  la que sale a la palestra para reclamarle al Gobierno el voto  de la representación costarricense que contribuyó a  la elección de Venezuela como miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para los años 2015-2016.
Pareciera que no se dieron cuenta. Venezuela obtuvo 181 votos de 193 posibles. Para decirlo en el lenguaje futbolero: ganó por goleada. Puede decirse que el “mundo entero” hizo que Venezuela fuera elegida miembro del organismo más importante de las Naciones Unidas. Es una prueba  del respeto y consideración de que goza el Gobierno Bolivariano. No es necesariamente una manifestación de coincidencia política, pero sí del convencimiento  multinacional de que es imprescindible la presencia de un gobierno independiente y realmente soberano en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ese es el rango evidente del Gobierno que preside Nicolás Maduro.
En alguna ocasión G.W. Bush afirmó que había países amigos y que a todos los demás había que combatirlos como terroristas. Esa ha sido la esencia de la lógica imperialista, desde siempre. Con esa lógica se provocó la guerra contra España, se ocupó a muchos países, se parió una lista interminable de dictaduras criminales en el mundo entero. Siguiendo esa lógica macabra   se lanzaron las bombas atómicas contra Japón, se invadió Corea del Norte y a Vietnam, destruyeron Irak y Libia; se apoderaron de Afganistán para convertirlo en su colonia. Baste estos señalamientos para evidenciar que nadie en la historia ha producido tantas desgracias y tanta muerte como los gobiernos imperialistas de los Estados Unidos.

Para hacer frente a su insaciable afán de dominación nuestro pueblo y otros centroamericanos pagaron un alto precio de dolor y de muerte; pero fueron derrotados William Walker y sus filibusteros. No se habían completado tres décadas de la ominosa declaración de “América para los americanos” y ya quisieron robarnos nuestra  independencia. El pueblo los derrotó y fue esa la primera derrota que sufrió el incipiente imperialismo yanqui en nuestro suelo latinoamericano.
El imperialismo yanqui mantiene viva su pretensión de  dominar al mundo entero, ser el gendarme y el juez de todos los pueblos. Sueñan con un Gobierno mundial. No tienen límites políticos ni éticos. Siempre mienten y cuando matan dicen que lo hacen en favor de los derechos humanos y de la paz. Han podrido los conceptos.
Mienten, siempre mienten: la mentira es su arma más preciada.  Se tragan sus mentiras solamente los que quieren tragárselas. Algunos se engolosinan  por falta de seso y otros por un sucio oportunismo.
Al imperio no le gustan los gobiernos patrióticos y populares. Odian a los valientes que no se acobardan ni se venden, por eso hacen todo lo posible para desaparecer a los revolucionarios.
Son estas razones por las que hicieron campaña contra para impedir  que el Gobierno Bolivariano conquistara un puesto en el Consejo de Seguridad. Los 181 votos que obtuvo Venezuela en la Asamblea General de la ONU son votos que no se rindieron ante las amenazas ni ante los halagos yanquis.
Por Venezuela hablaran los pueblos, hablaran los que aman la libertad y la justicia social. Se oirá la voz de aquellos que defienden el derecho inalienable a la autodeterminación de todos los pueblos, incluyendo, por supuesto, al pueblo de Puerto Rico..
Con la consabida timidez de los burócratas ticos el Ministro de Relaciones exteriores, en su declaración a los periódicos, dijo algo sustancial: “González explicó que hay puntos coincidentes a nivel regional, como propiciar que el Consejo deje su letargo y asuma su rol ante asuntos de gran magnitud o que se regule el derecho al veto del que gozan los cinco miembros permanentes”. Si el Gobierno de Costa Rica realmente quisiera luchar por la democratización de la ONU daría un paso adelante en su política internacional.
De otra parte, don Otto Guevara, dice que se perdió la oportunidad de ser un “faro de dignidad y consistencia”. Y luego agrega: “Debimos abstenernos o votar en contra; así hubiéramos podido levantar la voz para la liberación de los presos políticos”.
¿Cuáles presos políticos? Los llamados  “presos políticos” están sometidos a juicio ante su juez natural y esperan de una sentencia, que puede ser condenatoria o absolutoria. Estos juicios son públicos. Entre ellos, algunos ya han confesado sus crímenes y otros, tendrán que responder ante pruebas contundentes.
Otro representante de la derecha insulsa, el diputado Mario Redondo, engoló su voz y dijo: ”No comprendo la actitud del Gobierno, es totalmente inconveniente. ¿Desde cuándo perdió Costa Rica el criterio propio y respalda candidaturas lejanas a la tradición democrática?”
¿Qué significará la tradición democrática de que habla este señor?
Obedecer a los yanquis no será nunca una “tradición democrática”, sino más bien todo lo contrario.
Se necesita estar ciego, pero ciego de la conciencia, para considerar que la democracia consiste en obedecer a los ideólogos del Estado más criminal y nefasto de la historia.
Cuando a los señores del norte las cosas no les salen como desean les da dolor de cabeza y otro más fuerte en la barriga.
Se lo curan mandando a matar, o a dando  golpes de Estado o chineando a terroristas como Posada Carriles.
Sepan los señores de la derecha queLa tradición democrática costarricense la han construido dirigentes como Juan Rafael Mora Porras, Joaquín García Monge, Omar Dengo, Carmen Lyra y muchos otros.
La tradición democrática de cualquier pueblo la solidifican los valientes, los que son capaces de amar a su patria y a su pueblo. Nunca será obra de pelagatos.
En Venezuela se está consolidando una tradición democrática latinoamericana.
Creó que es buena oportunidad para hacer justicia a la valentía de don Rodrigo Carazo frente a las imposiciones yanquis. El acontecimiento lo recoge con detalles don Juan José Echeverría  Brealey en su libro  “La Guerra no Declarada”. (El libro es interesante y por eso recomiendo su lectura).
Pero el asunto del relato fue que el Presidente de los Estados Unidos, Carter, envió un mensaje al Presidente de Costa Rica, que don Rodrigo Carazo consideró, con justa razón, ofensivo y por eso se negó a recibirlo.  El embajador de Estados Unidos insistía y el Presidente mantenía la misma posición. No recibiría el mensaje. Ante tanta insistencia “Don Rodrigo le dijo por cuarta vez: Embajador, si usted insiste en entregármelo yo le pido que se lleve la respuesta”. El embajador le dijo que por supuesto que sí, e hizo el intento de buscar un papel y un lápiz para escribir lo que él esperaba fuera la respuesta del Presidente de Costa Rica. Cuando el embajador estaba buscando, don Rodrigo lo interrumpió y le dijo: “No, no, señor embajador, no se preocupe, no tiene que escribirla, yo le garantizo que la respuesta no se le va a olvidar. Dígale al presidente Carter, que se vaya para la mierda, que al Presidente de Costa Rica no lo amonesta nadie” y enfatizó esas palabras. Luego explicó a sus  compañeros: “No lo pude leer todo. El telex empezaba con estas palabras: “siéntase seriamente amonestado por la ayuda que su gobierno le está dando al Frente Sandinista de Liberación Nacional”.
Esta, en nuestra opinión, es la tradición que dignifica a los costarricenses, a los  hijos espirituales de Juan Rafael Mora y discípulos de García Monge, Omar Dengo, Carmen Lyra y todos los creadores de una patria progresista y fecunda, que abra de renacer más pronto que tarde.
La llamada “tradición democrática” no nació de los que fusilaron a Juanito Mora ni de los oligarcas que  traicionando a la patria lo fusilan todos los días.
Venezuela va al Consejo de Seguridad para defender los intereses esenciales de la humanidad y honrar a los próceres latinoamericanos.

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