viernes, 10 de octubre de 2014

EL RINCON LITERARIO CONTRINO BARRANTES



POEMAS FOLCLÓRICOS, 1992 

LEÓN TRIBA…





EL VELORIO


El silencio, tan agudo
como una navaja,
afila sus bordes
para cortar el aliento,

el dolor con cara de muñeca
de caucho quemado
asoma en la vestimenta negra
que la ocasión impone.

Pero la ironía muestra sus arrugas
en aquel pequeño rótulo:

“Alquilamos llantos
(+34) 666 22 55”.

Múltiples voces, disímiles discursos
y el féretro impune, impoluto,
de vez en cuando empaña el vidrio
en el último suspiro que tienen los muertos.
 


ESE ES EL COCO
Apostaron sus codos
en el  límite del mostrador.

Todos hablan de leyendas
cuando su fieros golpes
le arrugaron la cara a la tarde
a punta de patadas.

El alivio de un gol
enciende los ánimos de los otros.

Las copas se rompen de tanta blasfemia,
se llenan de aventuras inciertas
de peleas callejeras imaginarias
y de cómo aquel pequeño hombre
que ya rayaba los 65 años
doblegó en el cansancio
al cholo Cimarrón,
con sus fintas y sus pequeños puñetazos
que tenían ese ritmo samurái
o  la elegancia de las katas
del Imperio del Sol.

Y como nunca falta un poeta
en esas trampas donde el olvido
teje una identidad que nunca
fue cierta, solo una metáfora,
con su voz de hierro declama
            -desordenadamente-
un poema del Indio Duarte:

“Empenachada de fiesta
estaba la pulpería,
y un entrevero de gente,
copas, carteos y risas…
En un costado al mostrador
tranquero al frasquerío
otros hombres y leyendas
De tiempos idos…
Sacándole  punta al vicio”.

Alguien reclama un espacio
y grita tiñendo de estruendo
el poco aire puro que queda:

-“ni las putas flores ni los animales sienten”.
Yo si se lo que es una traición…

Del cancionero viejo de su bolsillo
arma la letra de una  ranchera,
y canta, canta, como limando un lamento
que lacera el sabor de su copa.

Un silencio pausado,
de chacra en chacra agudiza
los sentidos, si es que después
de tantas copas los mismos existen.

Y de nuevo el tema cíclico
de aquellos que nunca perdieron
en la partida de sus golpes
y que quedan hoy como
los  negativos de los royos Kodak
en espera de que alguien
los revele en su imaginario.

No hay registro fotográfico,
solo la aventura de la memoria
colectiva, en ese loco ejercicio
de la historia oral de los bares
define los contornos de aquella
derrota del COCO de Guanacaste.

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