viernes, 5 de septiembre de 2014

PEQUEÑAS ACLARACIONES SOBRE LA AUTOBIOGRAFÍA DEL COMPAÑERO ALVARO MONTERO VEGA


Autor. Humberto Vargas Carbonell
Hace unas pocas semanas se publicó una biografía del compañero Alvaro Montero Vega, que es más bien una autobiografía compilada por la doctora Marielos Aguilar Hernández.

Más adelante espero tener tiempo para hacer una referencia más completa sobre el contenido de esta biografía, porque contiene algunas inexactitudes y no pocas omisiones. Otros compañeros, entre ellos, Rodrigo Ureña Quirós, podría hacer las anotaciones necesarias. Es que entre los compañeros luchadores de entonces que aún están vivos, nadie con más autoridad y precisión que él podría llenar los vacíos de esta autobiografía.

Alvaro fue un comunista auténtico, no me duele decirlo, más bien me complace. Sus virtudes y sus hechos pesan infinitamente más que sus errores y sus defectos. Este libro podría estudiarse como manual del buen comunista, de los hombres íntegros que a menudo caen abatidos por circunstancias subjetivamente incontrolables. En todo caso no quiero en esta oportunidad referirme en detalle al libro, cuya lectura recomiendo.

No puedo callar que también ha habido casos de seudorevolucionarios que inspirados en su fanatismo antivanguardista han intentado manchar la honra de algunos camaradas bajo el pretexto de defender a Alvaro Montero. Si Alvaro hubiera escuchado sus improperios lo hubiera mandado a callar. Me estoy refiriendo a Gerardo Contreras.

Como Alvaro lo cuenta, durante un tiempo estuvo separado del Partido, pero al enterarse de los problemas surgido del proceso divisionista…”me lo dije con total determinación, no podía mantenerme como espectador: no me quedaba más remedio que meterme en la bronca. Lo hice asistiendo a una reunión en la casa de Eduardo Mora con la parte de los miembros de la dirección que apoyaban a Manuel, quien no se hallaba allí porque andaba en Cuba... Y agrega: “En esa reunión me limité a escuchar las explicaciones sobre la difícil situación en el partido. Se informó que un grupo formado por Arnoldo Ferreto, y Humberto Vargas Carbonell y otros compañeros habían tomado el Comité Central y se estaba apoderando de todos los bienes del partido. Aunque se habló de la necesidad de armar un plan de para intentar recuperar algunos de esos bienes y evitar la continuación del despojo por parte de aquel grupo…”

Si estas fueron las razones de la posterior conducta del compañero Montero simplemente puede afirmarse que Alvaro fue engañado en la casa de Eduardo Mora. Como el compañero nos conocía de muchos años no le dijeron lo que afirmaban ante otras personas: “Arnoldo y Humberto son agentes de la CIA”.

Tampoco le dijeron que los asuntos relacionados con la reorganización de la dirección del PVP fueron discutidos en el Comité Central en varias sesiones y que el documento elaborado por Humberto Vargas,  con la anuencia de Manuel Mora,   fue aprobado por la mayoría y enviado para su discusión por los organismos del partido. Sobre ese documento se pronunciaron 400 células y fue aprobado por 373. Esos organismos nombraron a los delegados al XIV congreso, según lo establecido en los Estatutos del Partido. En ese Congreso se discutió durante muchas horas y como es lógico en un momento determinado se procedió a recibir la votación. Se hizo una votación nominal y su resultado fue el siguiente: 72 compañeros aprobaron el documento discutido y 46 votaron en contra. Un dato interesante: Manuel Mora Valverde votó afirmativamente al igual que Arnoldo Ferreto y Humberto Vargas. Nidia Sáenz elogió la actitud de Manuel Mora en un pequeño y riquísimo discurso.

¿Entonces quiénes eran los pretendían apoderarse del partido y de sus bienes?

También esa mayoría ganó ante el Tribunal Supremo de Elecciones el derecho a conservar el nombre de Vanguardia Popular.

Entonces a Alvaro Montero no le dijeron la verdad.

La dijeron también que estaban tratando de apoderase de los bienes del partido. Otra mentira igualmente inicua.

Los bienes del partido no eran muchos pero todos se habían conseguido honestamente. Unos fueron donados y la mayoría de ellos comprados a lo largo de muchos años.

Los inmuebles (los locales) estaban a nombre de una sociedad anónima llamada “Tacara S. A.” cuyos principales accionistas eran los compañeros Fernando Cerdas Mora, Fernando Chaves Molina y otros cuyos nombres no recuerdo. Estos compañeros estaban en ese puesto porque todos sabíamos de su honestidad.

Cuando se produjo la división esta empresa en bloque, es decir, todos sus socios se quedaron del lado que nos adversaba. No puedo decir que pasó con esas propiedades, apenas tengo idea de cómo se vendieron algunas de ellas.

En el informe que entregaron a Alvaro Montero,  según sus propias palabras, mencionaron el local de Heredia, que había sido vendido al partido, en condiciones especialmente favorables, por los camaradas Francisco Romero y su esposa María (ambos orgullo de los comunistas costarricenses). La venta posterior de esta propiedad la hizo si no estoy equivocado el señor Oscar Salas León, a la sazón responsable de las finanzas del nuevo grupo. Esto no implica ni mucho menos ningún cargo en contra de Salas.

En otra ocasión contaré la historia de otras ventas pero nunca podré decir ni una palabra de cómo se gastaron los recursos obtenidos.

También debo decir que los recursos monetarios eran manejados directamente por doña Elena Castellanos, la esposa de Eduardo Mora.

Finalmente, el local principal del partido terminó siendo parte de la herencia que dejó el compañero Manuel Mora a su familia.

Tanto Alvaro Montero como yo hicimos todo lo posible por recuperar ese edificio. Los esfuerzos fueron vanos.

Debo terminar aquí para no hacer más larga esta defensa del honor de compañeros comunistas que distinguieron por su respeto a los principios del centralismo democrático.

Queda mucho por decir, pronto lo diré por escrito y con mi firma.

Una aclaración final: ni el compañero Arnoldo Ferreto Segura ni Humberto Vargas Carbonell tuvieron nunca ninguna participación directa en el manejo de los bienes o dineros del Partido Vanguardia Popular.

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