sábado, 6 de septiembre de 2014

III.- ¿CÓMO SE LLEVÓ A CABO LA MASACRE?


Los presos políticos, seis en total, ya se encontraban sentados en el Motocar 156, más los ayudantes que para ese efecto se habían asignado, armas en mano. Serían las 7.30 p.m., del 19 de diciembre de 1948. Clarencio Auld Alvarado, llevaba al cinto un revólver 38 largo especial. Luis Valverde Quirós, llevaba una ametralladora tipo “Reisem” y una pistola automática marca máuser. El propio capitán Zúñiga Jirón, portaba una ametralladora de pecho “Niehausen” y una pistola automática calibre 45, con sus respectivos magazines de tiros; y el ayudante Hernán Campos Esquivel un revolver 38 largo especial.

            Los reos, esposados de dos en dos, sosteniendo en silencio sus bolsas y sus cosas, mancornados, ni una protesta, ni un gesto de cobardía; pero si pensativos en algo fatal. Más tarde, al llegar a Siquirres, el ayudante se bajó y preguntó al despachador, si había alguna orden, contestando este que no.

            A la altura de la milla 41, donde la línea del ferrocarril comienza a bordear por su base el empinado cerro del Diablo, el motorista Auld Alvarado menguó la velocidad conduciéndolo más lentamente, hasta detenerlo en el punto más profundo de la curva en forma de herradura, que se conoce con el nombre de “El Codo del Diablo”. Campos creyó que había fallado la chispa, y se bajó para examinarla, por detrás del vehículo. No tuvo tiempo de examinar el aparato, pues Zuñiga Jirón había dado orden a los reos que se bajaran y entonces dio orden al motorista, para que se adelantara un poco con el motocar, los reos quedaron a unos cuantos metros del vehículo, luego el Capitán Zuñiga Jirón, estando esposados en parejas, abrió fuego con su ametralladora, siguiéndole Valverde. Campos horrorizado y a distancia, contemplaba la escena mudo, desorbitado, sin atinar a moverse de su sitio. Pudo ver seguidamente como Valverde remataba los cuerpos de Federico Picado y el cuerpo de Octavio Sáenz, con su revolver.

            Ocurrió, no obstante, algo que más adelante serviría para descubrir el crimen. Sotomayor y Aguilar cayeron muy cerca del guindo y el segundo quedó prácticamente guindando, sostenido apenas por el primero. Valverde y Auld Alvarado corrieron a sostener a Sotomayor, pero las esposas cedieron y el cuerpo de Aguilar rodó guindo abajo, perdiéndose en la maleza y llevando en la muñeca de su brazo inerte, la evidencia del asesinato.

            El capitán Zúñiga Jirón ordenó a sus compañeros que bajaran a rescatar el cadáver, pero la oscuridad del lugar, lo empinado de la gradiente y las culebras frustraron el intento y el cuerpo de Aguilar quedó ahí como testigo mudo de la masacre.

            Una vez que despojaron a todos los cadáveres de sus esposas, el Capitán pidió a sus compañeros que hicieran varias descargas al aire para simular así el imaginario combate de que luego darían informe a sus superiores. Regresaron después a Siquirres y ahí Zúñiga pidió al Comandante de Limón un tren para repeler un ataque del cual habían sido víctimas en el “Codo del Diablo”. Cuando el tren llegó a Siquirres la versión estaba preparada. No se les permitió a los maquinistas de la Northern y sus andantes conducir el tren hasta el lugar de los hechos. Esto no era prudente, por lo que Clarencio Auld tomó el mando de la máquina y el carro motor siguió detrás del tren, ocupado por los operarios de la compañía.

            Los cadáveres fueron recogidos y llevados a San José. Al día siguiente el parte oficial del Estado Mayor informaría que habían muerto a consecuencia de un ataque del enemigo a la altura del lugar conocido como “El Codo del Diablo”. Las heridas mortales de cada uno de los presos constan en los dictámenes médico/forenses que se incluyen en dicho parte de guerra. Lo particular de esto, es que solo consta uno de los seis dictámenes en dicho expediente. Dicho expediente, dice a la letra:

 “Sr. Juez Primero Penal

  S.D.

El suscrito Médico Forense de esta ciudad certifica haber reconocido, el día 20 de los corrientes, el cadáver de Federico Picado en la Morgue del Hospital San Juan de Dios, habiendo encontrado las siguientes lesiones: Una herida causada por proyectil de arma de fuego, de 1 cm de diámetro en la región auricular izquierda que destruyó parcialmente el pabellón de la oreja. No se veía orificio de salida de este proyectil. También presentaba cuatro pequeños orificios de proyectil de arma de fuego, en la región submaxilar derecha. Las lesiones descritas produjeron la muerte de Federico Picado.

De ud. Atentamente. Dr. Leonidas Poveda E. Médico Forense”.

           
Los autores intelectuales de este horrendo crimen político, con la complicidad de la prensa y los órganos de poder judicial, permanecieron en el silencio. Aunque, nuestro Partido Comunista dirigió toda una campaña por estos crímenes de lesa humanidad, señalando con nombres y apellidos algunos de los involucrados en estos eventos, ningún juez tuvo el decoro de abrir la causa penal. El fardo legal y moral era muy grande y llevaba implícito un golpe contundente a la doble moral que ha exhibido la oligarquía nacional de este país.

CONTINUARA EN NUESTRA PROXIMA EDICION.

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