miércoles, 17 de septiembre de 2014

Estado Islámico, califato... ¿de qué hablamos?

El presidente Barack Obama acaba de presentar una estrategia para “acabar con el Estado Islámico de Irak” que, entre otras cosas, abarca una campaña sistemática de bombardeos contra los blancos de ese grupo terrorista, tanto en Irak como en Siria; y apoya en armas y dinero a los que dentro de Siria combaten contra el gobierno legítimo de Bashar al Assad. Para ambas acciones Obama asegura no contar con el gobierno sirio, es decir, será una acción ilegal, injerencista y violadora de toda norma internacional.
Con la arrogancia de siempre, el mandatario recordó a su audiencia que su nación “se encuentra más fortalecida que nunca y el liderazgo internacional estadounidense es la constante en todas partes del mundo”. Esa afirmación —que es la matriz de todos sus discursos— es como un “acompañamiento musical” a las nuevas aventuras bélicas.
Vale en este contexto, hacer algunas consideraciones sobre la existencia del llamado Estado Islámico de Irak y su irrupción en tierras sirias e iraquíes.
Hay informaciones fidedignas e, incluso, videos divulgados por los propios grupos del Estado Islámico de Irak (EI), donde se comprueba la ejecución indistinta, de manera brutal, de unos 250 soldados sirios e igual cantidad de militares iraquíes; estos últimos  en una zona kurda donde irrumpió la embestida terrorista.
Sin embargo, ha sido la ejecución de manera bárbara de dos periodistas norteamericanos, James Foley y Steve Sotloff —con unos 15 días de diferencia entre uno y otro—, lo que despertó el avispero mediático occidental e inundó al mundo con la repetición de ambas escenas.
En el transcurso del último mes y parte de este, estas fuerzas islamistas se han dedicado, en lo fundamental, a consolidar posiciones, usando como patrón, una vez tomado el control de una ciudad, rápidamente apoderarse de los recursos hídricos, de hidrocarburos y algunos alimentos básicos cuya distribución hace más dependiente a la población que busca su supervivencia.
Algo especialmente importante es la revelación de Edward Snowden,  exespecialista de la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana (NSA), en cuanto a que Abu Bakr al-Baghda­di, el llamado “Califa” y líder del Estado Islámico es un judío nombrado Elliot Shimon, un agente operativo reclutado por el Mossad israelí y entrenado en el espionaje y la guerra psicológica contra las sociedades árabes e islámicas.
Snowden dijo que “la inteligencia estadounidense, británica y los servicios secretos israelíes, crearon una organización terrorista capaz de atraer a todos los extremistas del mundo a un sitio, usando una estrategia llamada el nido del avispón”, informó Gulf Daily News.
Por su parte, el jefe del Pentágono norteamericano Chuck Hagel, aseguró que “van más allá de ser un grupo terrorista. Combinan ideología con sofisticadas habilidades militares tácticas y estratégicas, están sumamente bien financiados... esto va más allá de lo que hayamos visto”.
Han sido meses donde el barraje informativo ha reflejado poco el accionar del ejército iraquí contra los yihadistas, mientras en las pantallas de las grandes televisoras se repiten una y otra vez las imágenes de un colimador donde pilotos norteamericanos siempre aciertan y dan en la diana para pulverizar a supuestos elementos del EI.
Esto demuestra que en esta, como en todas las demás contiendas bélicas encabezadas por Washington, la utilización de los grandes medios de comunicación occidentales va cogida de las manos del interés de lo que se quiere divulgar.
No obstante el drama que vive Irak, como el que vive Siria y la amenaza a otros países de la región del Oriente Medio, no solo puede reflejarse en las cifras —opacadas o exageradas— de los muertos que se dicen suman más de 1 700 solo en Irak y de decenas de miles en la vecina Siria. De la primera nación más de un millón de personas han tenido que desplazarse y abandonar sus lugares de residencia, mientras en Siria la cifra se triplica.
El Estado Islámico ha hecho una interpretación deformada y excluyente del Islam, con su intención de formar califatos (gobiernos) en los territorios que controla donde todos los habitantes son obligados a cumplir con el líder (califa), Abu Bakr al-Baghdadi.
Según investigadores del tema, fue en el año 2006 cuando la organización terrorista Al Qaeda creó una agrupación alterna llamada Estado Islámico de Irak.
Ya en el año 2010, su nuevo líder, ahora auto titulado califa, Abu Bakr al-Baghdadi, emprendió una verdadera guerra de po­sesión entre los varios grupos terroristas que habían penetrado en Siria y en el 2013 ya el EI encabezaba los enfrentamientos contra el Gobierno sirio.
La toma de la ciudad de Mosul en junio del 2014 y la continuación de su avance hacia la capital, Bagdad, hizo sonar las alarmas no solo locales, sino internacionales y gobiernos comprometidos hasta el tuétano que el desastre iraquí —léase Estados Unidos y otros de Europa y el Golfo— despertaron un poco tarde de aquella pesadilla estimulada por la invasión militar norteamericana y de la OTAN a Irak y la entrega de armas y dinero a los terroristas que desestabilizan a Siria.
Bajo su égida están las ciudades iraquíes de Mosul, Tikrit, Faluya y Tal Afar; así como la de Raqqa en Siria. Además de campos de petróleo, represas, carreteras y límites fronterizos.
La consultora Soufan, especializada en investigación y seguridad en Oriente Medio, estimó que al menos 12 000 extranjeros integran las filas del ejército del EI, incluyendo unos 2 500 provenientes de los países de Occidente que han viajado a Siria e Irak en los últimos tres años.
Se reconoce como uno de los grupos con mayor sostén económico del mundo, con más de dos mil millones de dólares recibidos de donantes exteriores, además de la venta del petróleo del que se apropian en los lugares bajo su control; impuestos a compañías y empresarios; y valores existentes en los bancos. Se considera que se apropió de más de 400 millones de dólares en oro del banco central de Mosul, ahora bajo su mando.


Es hacia este enredado contexto a donde el presidente Ba­rack Obama pretende llevar su anunciada iniciativa —ya fracasada en los mismos escenarios del Oriente Medio— y una vez más será el complejo militar estadounidense el único vencedor.

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